Tema de reflexión de Semana Santa

En varias ocasiones he manifestado que no estamos lejos de que la paciencia popular se agote, ante el despilfarro y la corrupción  que se exhiben desde las diferentes esferas de poder, especialmente desde el gobierno, mientras la mayoría de la población confronta  dificultades en los aspectos más perentorios. Lo que perseguimos con ello no es alimentar al pesimismo, sino llamar la atención para que evitemos continuar por un trillo que se hace cada vez más angosto y escabroso. Estamos llegando a límites  jamás soñados.

Cuando los pueblos se cansan de la misma música,  en vez de dormirse despiertan y se exaltan; entonces las reacciones podrían ser indescifrables, sobre todo cuando los que tienen que ejercer la autoridad, la van perdiendo. No porque no cuenten con armas, sino su conducta moral o la de sus entornos dejan mucho que desear.

La principal autoridad que es la moral, es cada vez más escasa. No solo se percibe en las clases sociales marginadas, sino incluso en áreas que de alguna forma se benefician de las  facilidades oficiales, pero que han podido mantener vivos los principios  de la  vergüenza, el pudor y la ética.

El arma principal  que deberían exhibir los líderes es la autenticidad, propia de quienes actúan en consonancia con  lo que dicen,  sin importar las circunstancias. Eso es lo que a su vez les da la categoría moral para exigir o para aconsejar. Ya sea en situaciones de bonanzas, de urgencias o períodos especiales.

Pero aquí la cosa es totalmente diferente. La gente ha comenzado a darse cuenta de la realidad. La corrupción, las drogas, el lavado,  el tráfico del influencias,  no era un asunto de otros, sino de estos y peor. Brota pus  por todos los lados, a pesar de los diferentes métodos utilizados para tratar de ocultar la verdadera realidad.

Y este debería ser un excelente tema de reflexión de Semana Santa para toda la sociedad, pero especialmente para los que dirigen y están en el poder. Analizar serenamente qué es lo que está ocurriendo. Qué es lo que está fallando. Donde radican los malestares. Porqué las tarjetitas, las botellas, las nominillas, los programas pagados, los amigotes, los aliados, las compras de conciencias, no han servido para acallar los reclamos de la gente.

Nadie quiere un estallido social. Talvez algún desaprensivo lo desearía como única alternativa. Pero para muchos desamparados,  desilusionados como desesperados, deseosos de cambios y mejorías, las protestas  al parecer son sus únicos aliados, si no encuentran otra salida.

La cúpula de poder que tantos beneficios ha recibido de los gobiernos, tiene igualmente la oportunidad en esta Semana de reflexionar acerca de: cómo podrán vivir en paz y disfrutando los bienes alcanzados, la mayoría sin mucho esfuerzo, sin el temor de  que no muy lejos de sus entornos haya gente desamparada y desilusionada que no tenga más aliados que la rebeldía.