Tesoros escondidos

Tesoros escondidos

La mayor parte de los mares que bordean zonas que poseyeron grandes civilizaciones esconden en la profundidad de sus aguas tesoros escondidos que hablan de la obra de los hombres y el fruto de culturas que un día tuvieron su esplendor. En la actualidad, son muchos los que se afanan por descubrir estos tesoros, algunos con fines científicos y otros con el objetivo de vender al mejor postor este legado del pasado.

Las zonas del planeta en las que más tesoros enterrados se han hallado son las costas del continente americano y el Mediterráneo.

En Sudamérica, Perú está considerada su capital arqueológica; sin embargo, este país andino en la actualidad se debate entre la euforia que provocan los continuos hallazgos de tesoros y la desazón por los constantes saqueos a su patrimonio. Cuna de algunas de las civilizaciones más fascinantes del mundo, Perú posee una basta riqueza arqueológica, fruto de su pasado incaico, pero también de las decenas de culturas anteriores que poblaron su territorio y de la posterior era hispánica.

La perfección de los trabajos precolombinos que dejaron señas del más avanzado conocimiento de la naturaleza, la arquitectura, la cerámica o el arte textil, figura entre los mayores atractivos del país, a la vez que supone un gran reto de conservación.

Y es que centenares de objetos de valor, a menudo escondidos por mantos de tierra en las “huacas”  o templos ceremoniales, han sido  despojados con violencia e iniquidad durante años por nativos o ‘avispados’ extranjeros que venden el patrimonio nacional en el codicioso mercado del arte.

PROFANACIONES DEL ARTE SAGRADO PERUANO

El caso más célebre es el que rodea el descubrimiento de la ciudadela inca de Machu Picchu por el estadounidense Hiram Bingham, quien en 1912 se llevó en calidad de préstamo 5000 piezas, hoy en manos de la Universidad de Yale, y  el Estado peruano aún busca su repatriación. El saqueo afecta  otras zonas turísticas, donde a menudo conviven paradójicamente la máxima comercialización de algunos recursos con el injustificable olvido de otros.

La localidad de Nazca, sede las enigmáticas líneas que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1994, es un claro ejemplo, al acoger cerca de los míticos geoglifos la ciudadela de Cahuachi, habitada entre los 400 años antes de Cristo y los 400 de la nueva era.

Considerada una de las construcciones de adobe más extensas del mundo, comparable a Chan Chan (norte de Perú), Cahuachi ha sido saqueada varias veces y, aunque su extensión supera los 24 kilómetros cuadrados, una sola persona vela por su seguridad.

Otro de los tesoros de Perú, la momia del rey mochica que vivió hace 1700 años en el norte del país y es conocida como el Señor de Sipán, ha sido también víctima de profanaciones.

El arqueólogo Walter Alva, descubridor de este valioso hallazgo que ha sido catalogado como uno de los más importantes del siglo XX, recordó a Efe que tras las primeras excavaciones en la denominada Huaca Rajada, dormía con un arma para ahuyentar a los profanadores.

En las regiones andinas, donde se concentra el exquisito arte colonial que combina influencias europeas con toques indígenas, es habitual toparse con iglesias o catedrales saqueadas.

Según el responsable de patrimonio de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) en Perú, Juan de la Serna, los lienzos son las piezas que más se sustraen, seguidas de los retablos y pequeñas esculturas.

De la Serna explicó a Efe que estos hurtos son perpetrados cada vez más por integrantes de mafias organizadas que  introducen los objetos robados al mercado internacional a través de Bolivia.

La triste historia del saqueo en Perú tiene uno de sus últimos capítulos en la subasta realizada por Christie’s de un conjunto de piezas precolombinas, vendidas en mayo pasado en Nueva York por 45 600 dólares.

El esparcimiento del patrimonio peruano por el mundo ha disparado las alarmas; los esfuerzos por frenar el tráfico ilícito, liderados desde las más altas autoridades, empiezan a dar frutos. En junio pasado, Estados Unidos entregó al Gobierno peruano 412 piezas precolombinas y en paralelo se han iniciado 184 procesos legales en 12 países.

Además, el Gobierno está elaborando una lista de bienes protegidos, auspiciada por la UNESCO, que será la primera de este tipo en el continente latinoamericano.

Mientras las autoridades se afanan en recordar que la expoliación del patrimonio está sancionada con penas de hasta ocho años de prisión, los peruanos presencian con resignación la lamentable pérdida de una parte de su herencia histórica.      

En el siglo XVI España fue un país volcado al mar, con flotas permanentes en todos los océanos del mundo, con barcos que hacían un circuito comercial mundial desde la China, desde Filipinas, pasando por México, y que llegaba a Europa y eso en base a barcos y marinos españoles.

ARQUEOLOGÍA CONTRA TESOROS

Pero, ¿qué tesoros albergan esos pecios hundidos? Los arqueólogos consultados por EFE coinciden en que su prioridad es de investigación científica lejos del codiciado valor monetario que mueve a los cazatesoros.

García de Rivera, coordinadora del Centro de Arqueología Subcuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (España) asegura que cuantificar la carga económica no es su objetivo: “No quiero hablar de arqueología en términos de oro y plata. No analizo el objeto, sino la información que me proporciona el objeto. Nuestro interés es cuantificar el valor o la información que ese pecio pueda proporcionar”.

Un ánfora -asegura- puede tener mucho más valor histórico arqueológico que cualquier carga monetaria de un buque, dice García de Rivera, para quien hablar de si un barco lleva más o menos oro “es simplificar en una historia de corsarios y piratas toda una disciplina científica que es recuperar información histórica que pertenece a todos”.

La reflotación de los pecios como método para protegerlos de posibles expolios “es otro concepto no arqueológico”, dice García de Rivera. “No se trata de recuperar piezas, quiero saber que están ahí para establecer métodos de conservación y protección”.

Una vez estudiado, analizado y documentado el pecio, se puede plantear si, garantizando su conservación, es conveniente reflotarlo para su exposición o no, explica. “El pecio -según la experta- en el medio en el que está generalmente llega a un equilibrio y lo que está tapado se conserva y lleva un deterioro muy paulatino. Yo no puedo acelerar ese deterioro por empecinarme en extraer cosas”.
EFE/Reportajes

ESPAÑA, UN BOTÍN PARA LOS CAZATESOROS

En Europa, cientos de  pecios o fragmentos de naves naufragadas, muchos de ellos de alto valor arqueológico y económico, permanecen hundidos en el mar a lo largo de toda la costa española, expuestos a los cazatesoros, que aprovechan la difícil vigilancia de los yacimientos subacuáticos. Arqueólogos y conservadores avalan la tesis de que España es el país con más riqueza patrimonial marítima del mundo.

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