¡Tiene razón Don Antonio!

Millizen Uribe

El que generaliza, yerra. Es un principio que siempre he tenido en cuenta y que entidades como la Asociación de Empresas Industriales de Herrera y Provincia Santo Domingo (AEIH) confirman.
Y es que las críticas tradicionales, válidas para algunos sectores empresariales rapaces, no lo son para este grupo empresarial que, en palabras de su presidente actual, don Antonio Taveras Guzmán, quiere hacer negocios y prosperar, pero poniendo los intereses del país y la colectividad primero. Precisamente, esta semana Don Antonio se refirió a un tema que, de manera particular, a mí me preocupa: la incapacidad (o tal vez desinterés y falta de voluntad política) para lograr una relación más directamente proporcional entre el envidiable crecimiento económico de la República Dominicana y la vergonzosa desigualdad social.
Al respecto, el líder empresarial explicó que, pese a que en los últimos años nuestro país ha sido adalid en crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en la región, si nos comparamos con las demás naciones de América Latina, veremos que estamos rezagados en reducción de la pobreza.
Como fuente, refirió datos del Banco Mundial que indican que por cada punto de crecimiento del PIB, la pobreza en América Latina cede 4.5 puntos porcentuales, mientras que en República Dominicana el efecto es de apenas 2.7 porcentuales, situación que, en palabras de Don Antonio, retrata a una economía con “muy mal equilibrio”.
Si la República Dominicana hubiese reducido la pobreza al ritmo de América Latina, un millón adicional de personas habría salido de ese estado desde 2005 hasta ahora. Es decir, que tendríamos un millón menos de pobres en el país. Creo imperdonable que hoy no podamos exhibir este logro.
Pero, como la proyección es que la economía dominicana seguirá creciendo, urge lograr que ese crecimiento no se quede en números fríos o secuestrado por cúpulas políticas y empresariales que, a través de mecanismos corruptos como el robo de los recursos públicos o exenciones fiscales fraudulentas, retienen una parte importante del PIB que pudiera destinarse a garantizar derechos como acceso a salud de calidad, agua potable, seguridad ciudadana o servicios eficientes como energía eléctrica y transporte, entre otros.
Para eso, Don Antonio habla de un compromiso a largo plazo de las élites políticas y empresariales y de cambios a fin de articular reformas que fortalezcan el mercado laboral, elevando los ingresos de los trabajadores, la calidad del empleo y que mejoren la calidad del gasto y de servicios.
Yo hablo de voluntad política y de sustituir la cantaleta del crecimiento económico, por desarrollo humano, un indicador más justo y realista en un país donde la economía crece y crece, como las famosas pastas, mientras la ciudadanía se empobrece y se empobrece.


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