¡Todavía se habla de leche a granel!

Si la leche importada a granel continúa vendiéndose en los comercios locales es debido a una grave debilidad institucional. A finales de septiembre de 2016 Pro Consumidor ordenó el decomiso de ese producto por haber comprobado que no es apto para consumo humano y porque carecía de registro sanitario. En cualquier país con régimen de consecuencias, eso hubiera servido para adoptar acciones legales contra importadores, vendedores y quienes desde el cedazo estatal propiciaban el ingreso del producto.
No hay manera de justificar la presencia en el comercio de un producto descalificado como alimento humano y que, además, ingrese sin contar con registro sanitario. Ni se explica que, aún bajo esas condiciones, el producto -la leche a granel- haya logrado pasar sin mayores dificultades el tamiz aduanal. No extrañaría que por la entrada de ese lácteo descalificado se hayan cobrado los impuestos o aranceles aplicables al renglón. ¿O acaso es introducido de contrabando?
Es insólito que todavía estemos hablando de la impunidad con que se introduce y vende una mercancía no autorizada, que amenaza la salud de los consumidores y que, por esas y otras razones, es un ingrediente de competencia desleal en perjuicio de los productores, procesadores e importadores de lácteos debidamente autorizados.

Haina: Riqueza y abandono

No hay que ir muy lejos para apreciar un ejemplo de injusticia distributiva de la economía, de exclusión del progreso. Haina, a pocos kilómetros de la capital, es uno de los municipios de mayor atraso y carencia en cuanto a servicios fundamentales. En su puerto se genera el 25% del PIB nacional, pero el municipio carece de hospital, servicio eficiente de limpieza, fuentes suficientes de empleo, lo agobian los apagones y hay muchas otras dificultades que, en conjunto, son la antítesis de las riquezas que maneja cotidianamente.
Pero además, Haina está definido como una bomba de tiempo por los grandes volúmenes de sustancias peligrosas que almacena y la fuerte contaminación ambiental. Un poco de justicia distributiva no le vendría mal a esta pequeña puerta por la que ingresa la cuarta parte del PIB nacional.


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