Hoy Digital

Todo sea hecho por bien del país

Las leyes de partidos y de régimen electoral, y determinar si se aprueban primarias cerradas y separadas o abiertas y simultáneas, son temas que mantienen en efervescencia el activismo político del país. Sin embargo, en medio de esta controversia que se manifiesta tanto a lo interno de algunos partidos como entre los que componen el conglomerado, es difícil percibir que los argumentos de unos y otros tengan por fundamento la prioridad institucional de la nación. El interés particular de cada organización y sus líderes domina esta puja que debería ser en favor de la democracia representativa. Nuestros partidos políticos han cavado paulatinamente su propio descrédito por la forma de mancillar su democracia interna y los derechos de sus militantes.
En estas horas de definiciones, quienes tienen la sartén por el mango debido a su mayoría en el Congreso, y los que constituyen la oposición, están llamados a deponer egoísmos y procurar una concertación que permita que las leyes de partidos y de régimen electoral, así como la modalidad y oportunidad de las primarias, respondan a criterios de racionalidad y conveniencia para la nación. Deberían ponerse de acuerdo en que sea la Junta Central Electoral (JCE), que juega un papel de primer orden en estos menesteres, la guía que conduzca a la mejor salida para que podamos contar con normativas que afiancen la democracia que tenemos.

Un “muerto” que jamás lo ha estado

La Procuraduría General de la República da por cierto que el convicto Pedro Alejandro Castillo Paniagua “Quirinito” está con vida y que su “muerte”, certificada por médico legista (no forense), es otra farsa con la que se ha burlado al sistema judicial de este país. La investigación acerca de su alegada muerte conduce a todo, menos a la tumba de este hombre condenado a 30 años de prisión por el asesinato de una persona.
Hay en pie un cuestionamiento a todo lo relacionado con este reo, desde la sentencia que cambió a domiciliaria la ejecución de la privación de libertad hasta la certificación de su supuesta muerte. Y desde luego, una burla de este talante al sistema judicial no podría ser posible sin una complicidad con la autoridad y la argucia suficientes para una conspiración tan efectiva. Ahora falta saber dónde está viviendo el “muerto”.