Todo sobre el trastorno explosivo intermitente

1C_¡Vivir!_20_2,p01

El trastorno explosivo intermitente (TEI) es una alteración mental que afecta significativamente la calidad de vida de las personas.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, edición 5 (DSM-5), define este trastorno como un patrón aleatorio de reactividad conductual agresiva y desproporcionada sin motivo ni objeto concreto; esto va ocasionando alteraciones y perjuicios graves en entornos físicos, sociales y del propio individuo.
El psiquiatra César Mella apunta que el sujeto que lo padece tiene arrebatos recurrentes en el comportamiento que reflejan una falta de control de los impulsos agresivos, profiriendo insultos y rompiendo objetos; además tiene tendencia a arrepentirse pocas horas después de su descontrol.
En cuanto a su incidencia, el doctor refiere que según el DSM-5, se estima que en los Estados Unidos lo sufre el 2.7 % de la población entre los 15 y 45 años, siendo más frecuente en hombres que en mujeres.
Señala que es posible que se asocie a disritmia cerebral y se confunda con déficit de atención con hiperactividad, una variedad agitada de autismo, trastorno negativista desafiante o con una fase maniaca de un paciente bipolar.
Respecto al tema, la psicóloga Heidy Camilo opina que este es un desorden en específico, que tiene que cumplir con una serie de criterios diagnósticos para que se determine si la persona lo padece o no.
“Cuando hablo de criterios diagnósticos, me refiero a esos síntomas y situaciones que se tienen que presentar para poder ser diagnosticado. Para que se afirme que una persona padece el trastorno explosivo intermitente, esta debe presentar arrebatos periódicos, es decir, un comportamiento que evidencie una falta de control de los impulsos de agresividad, donde se vea agresión verbal, berrinches, pataletas, discusiones, peleas o agresión física contra propiedades, personas o animales”, explica.
Estas presentaciones violentas ocurren sin previo aviso, son de inicio rápido y con una magnitud desproporcionada.
Además, no existe intencionalidad ni direccionalidad de dichos ataques. Estos arrebatos agresivos se presentan de manera puntual hacia cualquier ente, no son premeditados, o sea, no persiguen ningún objetivo tangible como sería atacar a alguien para robarle o violentar solo a la pareja, amigo o al jefe.
Asimismo, la terapeuta dice que el paciente se rebela contra cualquier persona y en cualquier momento.
¿Qué provoca el síndrome? El doctor Mella sostiene que el trastorno explosivo intermitente se da sin una causa valedera, sin embargo, en individuos predispuestos puede aparecer como respuesta a una frustración mal manejada o reacción ante ataques a su integridad.
Para Camilo no hay un hecho específico que lo provoque, puesto que ocurre rápidamente, sin avisar; no es una situación puntual que lleve a la persona a actuar de una manera determinada, sino que cualquier cosa puede provocarlo.
“No existe una causa determinada, de lo que se puede hablar es de factores de riesgo, los cuales son ambientales, y pueden desencadenar algún tipo de antecedente de trauma emocional o físico durante la etapa infanto-juvenil o alteraciones neurobiológicas, especialmente en los circuitos serotoninérgicos, es decir, a nivel de la serotonina en el sistema límbico. No obstante, no hay estudios concluyentes en cuanto a la causalidad en sí”, afirma.
Tratamiento. Los especialistas de la conducta coinciden en que para tratar el síndrome debe hacerse una intervención multidisciplinaria en la que tendría que trabajar un psiquiatra, para ver si existe la necesidad -que en la mayoría de los casos se da- de medicación a través reductores de impulsos o estabilizadores de ánimo; en combinación con un psicólogo con especialidad conductual, para ofrecer psicoterapia tanto al afectado como a los miembros de su familia.
Complicaciones. Mella dice que las complicaciones que provoca el trastorno explosivo intermitente son las que se deriven de los hechos, por ejemplo, una fractura o traumas diversos por autoagresión.
Camilo, en cambio, apunta que puede lacerar toda la vida del individuo. “Influye de manera negativa en los aspectos familiares, laborales, académicos y legales, porque alguien que explote de esa forma se verá involucrado en un sinnúmero de situaciones con los agentes del orden”, asegura la experta.


COMENTARIOS