“TRADICIONES Y FANTASÍAS” en Gala de Otoño de la danza

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La Temporada de Otoño del Ballet Clásico Nacional, bajo el atractivo nombre de “Tradiciones y Fantasías” suscitó algunas expectativas. El programa escogido en su primera parte, nos remite a la danza clásica, a los “tradicionales” “Pas de deux” del siglo XIX.
La noche de danza inicia con el célebre “grand pas de deux classique” del ballet “El Corsario”, gema purísima de la técnica académica, introducido por Marius Petipa en su versión de 1899, con música de Ricardo Drigo, es considerado como una prueba de virtuosismo para la pareja de bailarines. Eliosmayquer Orozco y Carla Barinas, asumen el reto con determinación. Orozco logra buena elevación en los saltos, y la hermosa bailarina Carla Barinas con expresividad y arrojo, se luce en su variación, pero aún con buena técnica, encuentra alguna dificultad en los múltiples fouettés.
Como segundo número fue presentado “Diana y Acteón”, este pas de deux fue intercalado por Marius Petipa en 1886 y música de Drigo, al Ballet “Esmeralda” de Jules Perrot, quien se inspiró en la novela de Víctor Hugo “Nuestra Señora de París”, teniendo como compositor a Cesare Pugni. Destinado al virtuosismo técnico e interpretativo, los bailarines Alexander Duval y Yuleidi Pérez, consiguen impactar en sus variaciones.
A continuación disfrutamos del “Adagio de la Rosa”, uno de los momentos más hermosos del primer acto del ballet “La Bella Durmiente” de Marius Petipa y Tchaikovski, en el que la figura central es la bailarina.

Eva Di Vanna interpreta a la princesa Aurora en este adagio, que más que un baile propiamente dicho, es un pasaje con una de las variaciones más exigente, en el que el equilibrio es vital para realización del promenade en attitude y los etéreos arabesques.

La participación de los “príncipes”, Joel Rodríguez, Erick Guzmán, Pablo Paredes y Roberto López, es muy buena y ofrecen el apoyo esencial a la bailarina, que se luce al lograr sortear las dificultades técnicas.
También del ballet “La Bella Durmiente”, la pareja formada por Maykel Acosta y María Valeria Melogno, bailan el famoso pas de deux del tercer acto, y convertidos en el Príncipe y Aurora, reafirman sus condiciones de primeras figuras, que se decantan en sus variaciones y coda.
La primera parte cierra con el ballet “La llamada” del coreógrafo dominicano Pablo Pérez. De la tradición clásica pasamos al realismo del ballet contemporáneo, aunque no desprovisto de “Fantasías”. Inspirado en las obras realistas de finales del siglo XIX, la acción se realiza lejos de los escenarios míticos o palaciegos, y se traslada a un salón burgués, donde el nuevo instrumento de comunicación, el teléfono, se convierte en leiv motiv, todos esperan esa “llamada”.

Nuevamente nos impacta la creatividad de este joven coreógrafo, en este ballet fraccionado en “capítulos” hermosos y sugerentes, la música escogida es un elemento idóneo, vital para cada motivación. “Al caer la tarde”, es un capítulo que se torna entrañable, con la suite “Silencio” de Arvo Pärt, Vladimir Martynou´s y Phillip Glass.

Otros segmentos pletóricos de belleza y simbolismos son “El primer amor”, “Aparte” y “Bajo la luz de un candil”, con música de Dario Marianelli. “La Madre”, es uno de los capítulos más intensos, resaltado con la música de Arvo Pärt. Pero la concepción coreográfica, no tendría sentido, sin el protagonismo insustituible de los bailarines, instrumentos capaces de proyectar en el espacio la idea primigenia.

Alba López, María Emilia García, Joel Rodríguez, Lisetty Campo, Eva Di Vanna y Eliosmayquer Orozco, en sus sentidas intervenciones, se complementan, trascienden, y es que el arte de la danza emana de una fuente interior.
En el intermedio tuvo lugar un emotivo acto dedicado al músico francés, dominicano por adopción, Francois Bahuaud. Con emotivas palabras Marinella Sallent, directora de la Escuela Nacional de Danza, ponderó su trayectoria y sus aportes a nuestro país.

El director del Ballet Nacional Armando González, junto a José Antonio Molina, director de la Sinfónica Nacional, le hicieron entrega de una placa de reconocimiento, lo que él agradeció visiblemente emocionado. Honrar honra, gracias querido y admirado monsieur.
Carlos Veitía también rinde homenaje, e inspirado en la mágica música del profesor Bahuaud, estrena su ballet “Nunca como en las noches los colores son tan brillantes”. El “Prólogo” silente –busco en mi interior- es una introspección profunda proyectada por el primer bailarín Maykel Acosta. Se suceden los “Movimientos”, cada uno es un poema existencial danzado, Veitía se crece se supera, el movimiento continuo es su elam vital, y es que el hacedor de danza escribe a partir de la música, con imágenes.
En cada movimiento, “Tengo que encontrarte”, “Ego sin límite” y “En ese espacio”, hay una emoción. “Y apareció entre las sombras”, es una canción triste” que enternece. “Sólo en las noches cuando te sueño eres real” y “Todos y yo que somos lo mismo”, son los movimientos finales en que se decanta la creatividad de Veitía.
Los bailarines del Ballet Nacional: María Valeria Melogno, Pablo Pérez, Alexander Duval, Eva Di Vanna, Alba López, Ariadna Roblejo, Yuleidi Pérez, Eliosmayquer Orozco, Rosa Horber, Erick Guzmán, María Emilia García, Joel Rodríguez, Cora Collado, Pablo Paredes, Laura Benítez y Roberto López y Carla Barinas, bailarines invitados, alcanzaron un nivel de excelencia. Los diferentes “Movimientos” fueron realzados con luces muy apropiadas, diseñadas por Rubén Lara, y las escenografías minimalistas de Carlos Ortega.


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