Tragedia consterna a El Seibo; sepultan restos

Dolores, madre de Ingrid, tendida sobre el cadáver manifestó tristeza.

Miches, El Seibo
Meses antes de matar a puñaladas a su expareja Ingrid Ciprián y luego suicidarse, Benjamín de los Santos intentó envenenarse. La relación, según testimonio de familiares y allegados, era tortuosa.
Después de la tragedia ocurrida la tarde del lunes, frente a una niña de cinco años, la gente lamenta que el hombre fuera cegado por los celos porque ella ya no quería seguir la relación y regresó a El Seibo. Vivían en Higüey.
Ambos fueron enterrados ayer en el cementerio municipal: él, a las 2:30 p.m.; ella, pasadas las 4:00 p.m.
No tuvieron hijos y llevaban meses separados. La razón, de acuerdo con versiones fueron los maltratos a la mujer.
Esos mismos testimonios reconstruyen la tragedia. Establecen que Benjamín la persiguió cuando ella iba hacia la playa de Miches en compañía de su prima Yenny y su hija de cinco años. Las tres querían festejar el Año Nuevo con un baño de sal y arena.
Ese deseo, sin embargo, se convirtió en el primer feminicidio del año. Benjamín le cayó atrás en su yipeta y chocó el carro varias veces, con el propósito de que se fuera por el precipicio.
No pudiendo lograr su objetivo, se le atravesó al carro y lo interceptó, en el kilómetro 5 de la carretera Miches-El Seibo.
Esto obligó a Ingrid a detenerse, momento que aprovechó él para bajar de su yipeta. Entonces rompió con una botella verde el vidrio de Ingrid y le propinó múltiples cuchilladas, en los brazos y el cuello.
Yenny salió del vehículo y trató de interponerse, mientras su hija gritaba: “¿Qué le haces a mi tía? ¡Suelta a mi tía, suelta a mi tía que la cortaste”! Hubo un intercambio de palabras entre ellos, mientras Ingrid se desangraba en el vehículo. Llegaron unos conocidos de la víctima y la socorrieron.
De inmediato, el feminicida hizo lo siguiente: retomó su yipeta, giró, la aparcó a unos 50 metros, se internó en un monte y se colgó con una soga roja en una mata de cacao.
El árbol aún conserva la huella de la soga, y la carretera presenta los vidrios del vehículo, sangre impresa en la calzada y hasta la huella de la goma.
Empero, no fue todo para Ingrid, quien fue llevada al hospital de Miches y después al Antonio Musa de San Pedro. Allí llegó viva, y su madre Dolores y su tía María hablaron con ella. Ella abría los párpados, y esto avivaba las esperanzas de la familia. Pero esas esperanzas se fueron a pique: Ingrid falleció.
Sueños no soñados. Ingrid, de 29 años, era hija de Ramón Ciprián y Dolores de la Cruz, y desde niña sobresalió en el colegio. Era contadora, tenía tres maestrías y amaba los caballos.
Todos la recuerdan como excelente hija, buena amiga y magnífica persona. Su recuerdo perdura en la memoria de sus deudos: “Vivirás por siempre en nuestros corazones”.
El velorio fue realizado en el barrio “Las 500”. Dolores se tendió sobre el ataúd y lloró a su única hija, mirando el cadáver con llanto, desgarrada el alma. Se desmayó, no sin antes pasar un momento sola con el cadáver y expresar sus penas.
Ingrid era hija única de su madre y tenía 8 hermanos de padre. Laboraba en Punta Cana y anhelaba otros lauros académicos. Era una estudiante infatigable.
El amor académico lo mezclaba con la pasión ecuestre. De esa pasión solo quedan los recuerdos impresos en fotos. Esos instantes ya no volverán: se fueron con ella.
El perfil del feminicida. Benjamín de los Santos tenía 32 años y era estudiante de término de derecho, en la UASD de Higüey. Era hijo de Pedro de los Santos, un dirigente del sindicato de camioneros de El Seibo. No tuvo hijos.


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