Tragedias que llegan por la falta de regulación

MARIEN ARISTY CAPITÁN

El estruendo, junto al movimiento del edificio, fueron el presagio de que algo grave había pasado. Al principio pensamos, incluso, en un gran temblor. Luego, tras descartar los rumores, supimos que un escape de gas había provocado una tremenda explosión en la empresa Polyplas, ubicada en el sector de Villas Agrícolas.
Al momento que escribía estas líneas se habían reportado cuatro muertos y 74 heridos. Tres de ellos están en Cuidados Intensivos con quemaduras de segundo y tercer grados.
La tragedia, sin embargo, pudo ser aún mayor porque en esa zona hay cinco centros educativos, una estancia infantil y una fundación que trabaja con niños. La zona, además, está muy poblada.
Cuando se ven las imágenes de cómo quedó el área uno se aterra al pensar que esas mismas escenas se podrían repetir en cualquier otro punto de Villas Agrícolas, Villa Juana o el ensanche La Fe, donde las industrias y las envasadoras de gas conviven con los centros educativos y las viviendas.
Ayer el arquitecto y urbanista Marcos Barinas explicó que en Intec hicieron un estudio en 1999: había 30 envasadoras y dispensadoras de gas y gasolina. Al día de hoy, seguramente, son más, lo que convierte a esos barrios en una bomba.
¿Cuántas personas tendrán que morir antes de que el Ayuntamiento del Distrito Nacional y el Ministerio de Industria y Comercio tomen cartas en este asunto? ¿Hasta cuándo seguirán permitiendo que se manipule gas en cualquier lugar?
Casos como este nos obligan a pensar, además, en la pretensión de vender gas en las estaciones de gasolina. A mí, en lo personal, me da terror.