Tranque fiscal en Washington

Tranque fiscal en Washington

Es una crisis por el poder político con contenido racial, que a nivel mundial podría hacer retroceder el crecimiento, empeorar el desempleo y la pobreza. Los radicales republicanos están reviviendo la histórica fricción social aprovechando la entrada en vigencia de la reforma sanitaria de Obama, quien “cometió el error” de extender la cobertura sanitaria a 48 millones de personas que carecen de ella. Lo califican de socialista por cambiar un sistema injusto de totalmente privado a uno mixto, para garantizar salud a los que no pueden pagar en un país de desigualdad extrema en la distribución de ingreso, lleno de pobres, el 37% de la población según estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, el peor entre sus iguales desarrollados.
A los radicales no les importa el costo económico y social que a nivel mundial podría generar su irresponsabilidad, que no haya suficiente efectivo para cubrir gastos, porque no subirán el tope de la deuda sin un acuerdo para detener la única conquista que puede exhibir Obama. Aclaro, lo de la falta de efectivo no pasa de lo legal, el gobierno de los Estados Unidos tiene la máquina de inorgánicos, emite la papeleta de mayor circulación del mundo. La realidad es inédita, los organismos internacionales ni nadie sabe cómo responder, cuando se suma la situación en Europa, que lleva seis trimestres consecutivos en recesión y con alto desempleo, estimándose el crecimiento en sólo 1% en el 2014, implica un panorama recesivo mundial, suficiente para que nos preocupemos, aunque no importe a los radicales de Washington.
Los conflictos agresivos por el poder político habían desaparecido en Washington, en esta ocasión alimentado por un hecho concreto, que un negro es el presidente de la Nación más poderosa del mundo, confirmando que no ha desaparecido la histórica discriminación racial que tuve la oportunidad de comprobar en Boston, cuando cursaba mi doctorado en economía en la década de los setenta. La facción de republicanos conocida como Tea Party, que son 40 diputados en su mayoría sin antecedentes como políticos profesionales, porque originalmente eran vendedores de autos usados, amas de casa y profesionales liberales, con determinación y ruido crearon la crisis y mantiene el juego trancado. Tienen un desproporcionado control de las decisiones política que pusieron al servicio de los ricos, los que financiaron su ascenso al congreso, entre ellos aseguradoras privadas de salud, que hasta la entrada en vigencia de ley del 2010, la Obamacare, cargaban elevadas primas, copagos y excluían enfermedades crónicas.
A Danilo Medina le ha tocado gobernar en el ciclo de bajo crecimiento económico y de inestabilidad mundial, la etapa de la vaca flaca que siempre surge luego de un periodo de bonanza como el que disfrutó Leonel Fernández, quien navegó con un viento de cola, con condiciones internacionales favorables, caracterizadas por abundancia de capitales externos y facilidades de los Organismos Internacionales. Ahora se suma la crisis del Tea Party, que amenaza la economía estadounidense con perder un punto porcentual de crecimiento del PIB según cálculos de algunos. A la economía dominicana de perder mucho más por la dependencia que tenemos, alrededor de un punto y medio si los modelos oficiales de proyección dicen la verdad.


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