Trascendencia del TC

El Tribunal Constitucional creció en forma desmesurada ante sus conciudadanos al emitir el 23 de septiembre último la resolución 168-13 que dictamina que individuos ilegales nacidos en territorio dominicano no son dominicanos, conforme al espíritu de la ley en la materia que se remonta a 1929, y debió en realidad establecerse cuando nació la República el 27-2-1844.

Es la primera vez que un organismo jurídico, competente para emitir un dictamen de su jurisdicción, se pronuncia para fijar un deslinde y afincar una jurisprudencia, ejerciendo sus facultades constitucionales y el libre albedrío definido en un Gobierno democrático como el que preside Danilo Medina.

El mismo presidente Medina validó a priori la sentencia que pronunciaría el TC cuando el 20 de septiembre recibió en la Casa de Gobierno a una comisión de las Naciones Unidas, que por cortesía recibió pero que debió diferir a la Cancillería, como tampoco expresar excusas a descendientes haitianos el ocho de ese mes.

Tres días después, el presidente Medina anunciaba suspender su viaje a Nueva York para asistir a la inauguración del 68 período de sesiones ordinarias de las Naciones Unidas, otra expresión de respaldo al TC.

Caso omiso y oídos sordos deben prestar tanto el TC como el presidente Medina a reclamos y censuras sin fundamento jurídico ni sustancia de patria alusiva al magistral dictamen del TC, que delinea quienes y porqué son y no son dominicanos, y el argumento de que 247 mil haitianos nacidos en el país sin documentación caen en el limbo de apátridas, recordar que el artículo ll de la Constitución de Haití dice que todos los haitianos que nacen fuera de su país, son haitianos, y lo que procede es sus padres ir a Haití a inscribirlos en el organismo pertinente.