Trece poemas Hugo Tolentino Dipp

Cuando escribimos Hugo Tolentino Dipp pensamos, inmediatamente, en el gran historiador dominicano que escribió una biografía fundacional sobre el héroe Gregorio Luperón y que luego nos regaló esa obra extraordinaria que es “Orígenes del prejuicio racial en América”. Corriendo el tiempo y después de escribir múltiples ensayos sobre Derecho Constitucional, historia y política, el doctor Hugo Tolentino Dipp, exrector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, escribe y publica una obra única en nuestro país: “Itinerario Histórico de la Gastronomía Dominicana”. Pero hay otro Hugo Tolentino Dipp. El Tolentino del verso elegante como su prosa, el verso que canta con belleza y vigor de muchacha núbil a la “dialéctica tamborera del acordeón y la güira”. Parte de su cantera poética la encontramos en “Vocablos” y en “Palabra nueva”, dos hermosos textos que recogen los arpegios de su espíritu. Ahora, acerquémonos con sensibilidad poética a estos recientes versos del doctor Tolentino Dipp.
A mis amigos
Qué sabios mis amigos,
se fueron muriendo
uno tras otro
para no quedarse solos.

A mis hermanos Mario y Vicente

Les pretendí resistentes
al acoso del tiempo.

Les imaginé perdurables
más allá de mi aliento.

Les quise para siempre
para evitar tropiezos.

Les soñé frente al lecho
para cerrar mis ojos.
A tus años
A Ivelisse Prats de Pérez
A tus años,
inundada de luna tu cabellera,
con tu andar aristotélico
paso a pausa,
ir y venir
y llegar a la idea:
crear la libertad en la conciencia.
A tus años,
con tu voz enronquecida
de tanta entrega,
profesar sin cese la utopía,
segura de que siempre deja huella
A tus años, Ivelisse,
verbo en ristre,
desde tu fe y tu razón
Cristo y Hostos reconciliados
en el común amor al ser humano
Abril 1965
Qué tengo yo que ver
con las galaxias,
con Marte, Júpiter, Neptuno
y el anillo de Saturno,
cuando en este infeliz planeta, aquí, en Santo Domingo,
maloliente a perversas manifestaciones cristianas
y a politiqueros fallidos,
se asesinan los niños,
unos tras otros,
de hambre, fuego y sangre.
Qué tengo yo que ver
con las Naciones Unidas
y esta lameculos OEA
cuando sus mentirosas Cartas,
colgadas en los sanitarios de cancillerías subastadas,
con un hedor a imperio que delata el precio de la venta,
olvidan que aquí, en Santo Domingo,
se asesinan los niños,
uno tras otros,
de hambre, fuego y sangre.

Nota. Escrito en la Zona Constitucionalista durante la guerra de Abril de 1965, provocada por la intervención militar de la República Dominicana ordenada por el Gobierno de los Estados Unidos de América y apoyada por la mayoría de los Estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA). Extraviado en ese año, fue encontrado en mi biblioteca en un papelerío en este 2017.
Adolescente

Erizada tu piel adolescente,
descubriste la magia del tacto generoso.
Deseosa, decidida,
aposentaste mi cuerpo en tu cuerpo.
Ternuras. Rumoroso aliento. Imperiosa entrega.
Un encarnado arroyuelo
se desbordó entre tus piernas.

Amanecer en Rancho Arriba

Duermes, tu cabellera desordenada apenas deja contemplar tu armonioso y bello rostro reposado en la almohada. Un sol diluido en la neblina traspasa el ventanal y penetra en la alcoba.
La brisa balancea suavemente los visillos
inundando el espacio de un frescor otoñal. La equilibrada claridad transparenta y proclama tu ondulante contorno entre las sábanas. Aromada por las flores del cafeto despiertas. La aurora
celebra el triunfo de tu altiva desnudez.
Desvelos

Sus ojos tornasoles
tienen desvelos,
les falta cielo
para dormir sus sueños.
Desde lo incierto,
creyéndome capaz
de apaciguar sus duelos,
esclavicé mi intento:
sus ojos tornasoles
provocan mis desvelos
El ser humano

¿El ser humano?
No
mano,
el
ser
humano
no
ma
ser
humono.
Oda a la rosa
Urdimbre arrebujada,
sedosa trama.
Encadenada en su cintura
busca la libertad
pugnando por el cielo
que pregone su hermosura.
Desperezada, desasida, aflorada,
cimbreante eclosión alada,
ratifica su definido imperio,
su universal hechizo,
su ineludible e imperecedero destino:
desvanecida, desvaída,
pétalo a pétalo derramada,
la rosa se congrega y sobrevive
en cada corazón enamorado.

Palabras augurales

Al llamado de tus ojos
llego hasta ti,
a tu vera.

Palabras augurales,
las tuyas y las mías.
Glosario íntimo,
intrepidez del vocablo
hilvanado al instinto.

Levedad de la caricia presentida
en la voz que abreva la ternura.
Génesis de la complicidad
que proclama la ardorosa vendimia
del verbo apasionado.

Poema para nombres propios

Acomplejados,
despojados de su molestosa conciencia,
__superficial vestigio del ayer__
ambicionan ser
el rico que envidian y parodian.
Pragmáticos a como dé lugar,
sin pudor ni honor,
cómplices entre compañeros cómplices,
desenfrenan la ambición
del yo primero,
del yo señor Don que apetezco.
Presurosos,
se adueñan sin tardanza del dinero ajeno.
Pletóricos, extasiados, creídos,
ignoran el índice que les señala,
en desmedro del renombre de sus hijos y sus nietos
como vulgares e infelices ladronzuelos
del dinero del pan de un pobre pueblo.

Puntual

Resplandeces,
puntual en mis sombríos silencios
en mis eclipsadas querencias
en mis apagadas esperanzas.
Lazarillo celeste,
hecha de luz a toda hora
para espantar mis sombras
Si promesa….

Si promesa mudara en certidumbre,
si un dogma evidenciable estableciera
que este amargor y terca pesadumbre
con sólo traspasar a otra ribera

se tornará paraíso y dulcedumbre.
Nada palpable afirma que la espera,
por más fervor que avive como lumbre,
garantiza una eterna primavera.

Este vivir en trance impenitente
frente a la cruz alzada en el camino
cuando la fe se agota, inexistente,

cuando se anuncia el tiempo inapelable
y la materia cumple su destino:
infinitud de polvo deleznable.


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