Tres ejemplos de que sí se puede

Millizen Uribe

Quienes asumimos el periodismo con la función de la criticidad social, y no de la tan bien remunerada adulación, corremos el riesgo de que algunos no entiendan el rol que jugamos, (a veces hasta nos califican de enemigos), o sean incapaces de comprender el estado de cosas por el que abogamos.
Sin embargo, la verdad es que la única aspiración que nos mueve es usar el poder de la comunicación social para visibilizar en la opinión pública los males que han de ser superados para tener un país justo y más democrático, con instituciones que funcionen bien y que respondan al bien común.
Eso no es una quimera. La verdad es que, aunque históricamente el pesimismo ha sido un componente del pensamiento dominicano, sí podemos lograr tener un Estado organizado, que funcione correctamente.
Para muestra tres botones. Uno de ellos es el Centro de Atención Integral para la Discapacidad, (CAID), el primer centro público que trabaja con niños especiales, que tienen trastornos del espectro autista (TEA), parálisis cerebral infantil (PCI) y síndrome de Down, en edades de cero a diez años, en su evaluación, diagnóstico y rehabilitación, para así lograr mejorar su calidad de vida y la de su red familiar y social.
Ellos mismos explican que en un solo lugar ofrecen 19 servicios y que cuentan con tecnología pionera y protocolos clínicos actualizados según los más altos estándares de calidad internacional.
Otro ejemplo muy similar es el Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia (INAIPI), que trabaja con niñas y niñas de cero a cinco años, gestionando que reciban servicios de atención integral de calidad.
Tanto del CAID, como de INAIPI, sólo he escuchado testimonios positivos. Los usuarios tienen niveles de satisfacción bien altos con el servicio y lo único “negativo” que señalan es que no hay suficientes para toda la demanda que generan, especialmente el CAID.
De último, pero no menos importante, es el caso del Seguro Nacional de Salud, SENASA, que tanto en su versión contributiva como subsidiada ha dado muestras de que no es cierto que una institución estatal no puede funcionar exitosamente.
Precisamente, porque creemos que sí es posible, es que seguimos apostando a que instituciones como estas no sean la excepción, sino la generalidad. Cuando eso pase, nuestra misión estará cumplida y entonces, sólo entonces, podremos dedicarnos a la dulce tarea de adular, adular y adular.


COMENTARIOS