Tributo a Hamlet en el segundo aniversario de su partida

d7

La Comisión especial de la Cámara de Diputados escogió una terna de candidatos entre los cuales se elegirá el Defensor del Pueblo, el Ombudsman. De esos tres, si me tocara decidir, elegiría al Dr. Luis Scheker Ortiz. Ese sería mi candidato de preferencia. Además me atrevería a recomendarle porque lo conozco “como si lo hubiera parido”.
Así, con emotivas palabras aparecidas como introito de su artículo “¡Que me defienda Luis Scheker! (periódico Hoy, 28 de abril 2003)” Hamlet Hermann hacía honor a nuestra fraterna amistad, a sentimientos familiares que nos llegaban desde lejos y que nunca jamás flaquearon ni podrían ser olvidados ni antes ni después de que la parca lo sorprendiera y nos dejara en desolada orfandad cuando rebosante de salud física y mental alardeaba de su energía y entusiasmo, del goce de una vida virtuosa, de fe en el futuro de la patria herida, y nos daba gusto verlo peligrosamente colgado de los pies con la cabeza abajo en el improvisado gimnasio de su casa, frente al Palacio Nacional, luciendo el 4% para educación, porque sabía que nunca moriría, que su luminosa estela tal fugaz cometa de paso por la tierra, quedaría estampada por siempre y que algún día, no muy lejano ¡Habrá Patria!, dedicatoria de su libro que me llegaba desde Cuba Revolucionaria; de su compromiso con la libertad, la democracia, la soberanía y el porvenir de su pueblo, libre de injusticias y penurias.
Sin pretenderlo, HH nunca será olvidado: Hamlet, solidario:“De Héroes y de Pueblos”, contra dictaduras que perduran y ahondan soledades; Hamlet, guerrillero: “Caracoles”, su lucha contra el despotismo, y corrupción de los 12 años; Hamlet Amet, “Para vencer el caos”; Hamlet: “Caamaño”, al Coronel de Abril y la valiente epopeya por la soberanía contra las huestes invasoras; Hamlet: “El Fiero”, tributo al combatiente indomable, porque así de vehemente, sensible, vibrante era el alma de este militante sin sombras, al servicio de la Patria Amada, exaltado sin proponérselo entre aquellos héroes anónimos que cumplían su destino: su fervor patriótico, su delicado amor a la familia, sus virtudes éticas y morales, su honestidad a toda prueba, su solidaridad con los pueblos “chicos de gesto antiguo”, sus rancias convicciones políticas y revolucionarias y su imbatible antiimperialismo, su intelectualidad comprometida con las causas justas, su gusto por la lectura, la música, el arte, el deporte y el buen vino que, distinto a las riquezas materiales y desmedidas ambiciones solo amargan la vida, plácidamente degustaba en su hogar en compañía de sus mejores amigos.
Cuando su hijo Eddy me comunicó lanoticia del trágico accidente sufrido por su padre aquella tarde del 19 de enero del 2016, poco después de salir de la Librería de Virtudes para verse con su amigo Roberto Cassá, no pude creerlo. Quise recordar unos versos pergeñados en alguna servilleta de papel, dedicado al fraterno amigo que escapaba de la muerte en Novillero: “Qué sería de esta tierra y de este pueblo, guerrillero/ si pudieras tomarla tiernamente entre tus brazos y cuidarla/ Y juntos, forjarla como la sueñas”. Que descanse en paz su alma serena.