Tributo a Hoy

Amparo Chantada Gonzalez

Me quedan dos viernes para cumplir con el 2017 y mi columna semanal. Como cada semana, desde 1987, -treinta años ya-, me encuentro con la página en blanco que me angustia, me desespera porque no sé de qué hablar, me aísla de todo, me impone el silencio, hoy, otra vez! ¿De qué hablar, que interese a los lectores del periódico? Resulta que hoy, como cada lunes o martes, estaba algo escasa de ideas sobre a qué dedicar mi columna -que sale los viernes-, y tan cerca de fin de año.
Muchas veces me pregunté porqué muestro tanta obstinación por escribir, si me provoca tensión, miedo y al mismo tiempo una satisfacción interior, como una liberación. Me recuerdo, como si fuera ayer, que el responsable de mi aparición en la prensa –y se lo agradezco eternamente- fue el director del Hoy de la época, Lic. Virgilio Alcántara, que un buen día de 1987 me dio luz verde para difundir algunas ideas que quería compartir: hablar del espacio o de los territorios americanos o caribeños, de la población y de políticas en general que las afecta: también de geopolítica, ya que la geografía se alía a la política para explicar situaciones que en general culminan en conflictos por recursos o lugares estratégicos; ¿cómo entender los conflictos espaciales o ambientales sin hablar de la relación que une estrechamente la geografía y el poder? En ese deseo de educar, de socializar conocimientos científicos adquiridos con muchos sacrificios, encontré otro aliado, don Cuchito Álvarez, quien además de comentar conmigo mis ideas, me invitaba a su tertulia, donde se me enseñó lo que la Historia dominicana no recogió en los libros.
Hoy es Bienvenido Álvarez que me permite cada viernes intervenir en debates que yo misma provoco, como si esta sociedad le gustara el debate de ideas. No, las columnas de opiniones de los periódicos son espacios de libertad y de confrontación solitaria de ideas, sin réplicas, en general.
¿Cómo concluir el año 2017 sin aburrir a los que leen las opiniones de uno? ¿De qué hablar, en estos tiempos tan difíciles, donde la alegría trata de sobreponerse a hechos violentos y dolorosos de la sociedad? Hoy tengo deseo de rememorar esos cambios urbanos, que sobresalían por los desalojos, la renovación urbana que removía barrios enteros, donde se multiplicaban las auto-urbanizaciones precarias frente a los ríos, donde las ciudades veían sus límites explotar por esas “rurbanizaciones” espontáneas y cuando la distancia física no podía ocultar la distanciación social que se producía al mismo tiempo.
La violencia de hoy no es extraña a la realidad del ayer, todos esos procesos de gentrificación y relocalización fueron impregnados de violencia clasista y policial, de exclusión y de carencias. La ciudad de Santo Domingo no solo es un espacio de deconstrucción de ciudadanía, sino que su evolución hoy no permite más la recreación de esos espacios de compenetración, de convivencia y de solidaridad. Triste conclusión para este fin de año 2017.