Trujillo y Franco, la alianza de dos generalísimos

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POR ÁNGELA PEÑA
La situación moral es otro problema que se plantea al español  que tiene que vivir en los medios rurales con  familias nativas dentro de las cuales es fácil ver a niñas de doce y catorce años en estado, niños que abusan del ron, padres y hermanos que viven juntos en la misma habitación, niños y jóvenes fumando a todas horas.

Se desconocen el plato y la cuchara hasta el extremo que el arroz, el plátano y la yuca, base de la alimentación de las gentes del campo, son servidos en hojas y toman el cereal con los dedos.

La vida está cara, lo único barato es el café, el ron y el tabaco. Muchos dejaron sus tierras sembradas y han ido a la capital con ánimo de dirigirse al consulado en súplica de poder embarcar a España. La policía se enteró y los metió en la cárcel, bastante están en ellas y otros salieron de ella directo al muelle a embarcar en La Uriga. Todo en Santo Domingo es dictadura, casi vida carcelaria, incluso el pelo tienen que cortárselo de la forma que las autoridades quieran, la vigilancia es constante y hasta los españoles que fueron a Ciudad Trujillo en calidad de policías de tráfico eran vigilados por policías nativos, mestizos y analfabetos. Los policías tenían que prestar once horas diarias de servicio, más de lo estipulado. No había regularidad en los pagos, y en ocasiones quisieron rebajárselos de cien pesos dominicanos a cincuenta. En todos los comercios debe figurar el retrato de Trujillo y hasta los brindis está muy mal visto que antes no se brinde por Trujillo.

Esa era la situación que describía un emigrante español en Ciudad Trujillo, que Francisco Javier Alonso Vázquez, el autor de “La alianza de dos generalísimos, Relaciones diplomáticas Franco-Trujillo”, localizó en la mina de documentos sobre el país que se encuentra en instituciones de la Madre Patria, tantos, que proyecta publicar otros libros sobre el tema. De este libro de 745 páginas debió excluir  capítulos tan reveladores e impresionantes como los que dio a la luz con el auspicio de la Fundación García Arévalo.

Es un apasionado estudioso de la dictadura de Trujillo que por primera vez  hace un examen exhaustivo, profundo, prolijo, de las relaciones entre los dos gobernantes, pero salvando distancias. “Para mí el general Franco no tiene que ver absolutamente nada con el general Trujillo. El general Franco llega al poder después de una guerra civil y yo puedo asegurar que hubo muertes por parte del bando nacional que él capitaneaba, pero a medida que va transcurriendo el tiempo las muertes llegan a ser mínimas. Sin embargo, el general Trujillo inició su gobierno matando y finalizó matando, ahí está la diferencia”, expresa el historiador que, repitiendo a un embajador de su tierra en el país, Alfredo Sánchez Bella, expresa que el llamado Jefe “era una persona muy repugnante”.

De sus años de investigación, de la cantidad documentación fotocopiada, le ha quedado una imagen “negativa, nefasta” de ese Trujillo “que generó tanto dolor. Muchas familias se vieron afectadas por su forma de obrar, vilipendiadas por sus saqueos porque la dictadura trujillista no solamente mataba sino que también robaba, manipulaba, tergiversaba y humillaba. El general Franco no robó, que yo sepa, no se le conoce fortuna personal, es más, otros presidentes de gobiernos posteriores, de la democracia, se caracterizan por tener muchísimo dinero, fortunas muy importantes, curiosamente, aquí en este país, aparte de lo que tienen en España y Venezuela”, dice.

Alonso Vázquez, que nació en Ávila el cuatro de julio de 1964, hijo de José Luis Alonso y María Sonsoles, a quien dedica el libro que fue su tesis doctoral, puntuada con la Máxima Calificación Sobresaliente Cum Laude por unanimidad, conceptuada la Mayor Tesis Doctoral del Departamento de Historia de América de la Universidad Complutense de Madrid, se interesó por el trabajo al leer un libro de Américo Lugo, “El Estado ante el Derecho Público”. “Él asevera ahí que la República Dominicana no tiene Estado, que tiene que surgir una persona que lo haga, entonces llega Trujillo y quiso hacer un Estado cuyo paradigma era la España del general Franco, sin embargo, Trujillo fracasó, y de hecho, la conclusión de mi tesis es que ese Estado que quiso crear el general Trujillo fue un estado espurio privado de los fundamentos  de un Estado Moderno. Ni siquiera esa clase media que al fin y al cabo estructura todos los países democráticos, evolucionados, la llegó a crear Trujillo, por la corrupción, porque él quería asumir toda la riqueza de la nación”, manifiesta. Al libro de Lugo siguieron otros, y además informes, álbumes, todos los periódicos nacionales de la época, folletos, anuarios, recopilaciones, boletines, un acervo documental que el inquieto escritor completó con entrevistas.

El libro no sólo se refiere a los vínculos entre los dos caudillos sino la actuación de casi todos los españoles que han residido en la República de 1936 a 1961: monjas, sacerdotes, comerciantes, embajadores, maestros, militares, artistas, intelectuales, políticos, catedráticos universitarios, enfermeras.. Manuel Velásquez Fernández, Benigno Pérez Martínez, Claudio Fernández García, Manuel Cochón Calvo, Joaquín García Do Pico, Manuel Resumil Aragunde, José Sanz, Fermín Fernández de la Torre, Alfonso Cuervo, José González Ramos, Celso Pérez, Julián Barceló Barceló, fray Cipriano de Utrera, el padre Arrupe, Bernardo Zaragoza, Lucas Guerra, Manuel Busto, Manuel Baquero Alonso, son algunos de los cientos de españoles cuya presencia se explica en el libro,  presentado por Manuel A. García Arévalo.

“La colonia española de la República Dominicana estaba constituida en 1938 por unas mil 500  personas. En su mayoría habían emigrado a ese país a principios del siglo XX. Una porción de estos inmigrantes orientó sus actividades mercantiles al comercio de exportación e importación. En la gestión de sus negocios llegaron a amasar fortunas respetables. Estos prósperos comerciantes de ideología conservadora formaban el sector, económicamente, más poderoso del país, tras la fortuna personal del propio general Trujillo. Apoyaron de forma unánime a la España Nacional durante la Guerra Civil y, de forma masiva, se afiliaron al partido Falange Española”, apunta Alonso.

Funcionarios Humillados

En su visita a Santo Domingo, Francisco Javier Alonso Vázquez no sólo trajo el nuevo libro  sino  borradores de los capítulos inéditos que quedaron para futuras publicaciones. En esos están reflejadas las sonrisas burlonas de los embajadores de su tierra cuando el “Benefactor” aspiró al Premio Nóbel, las quejas de sus coterráneos por los pobres, malos e impropios terrenos que les dio a regar el tirano, la reacción de Franco al deseo de Trujillo de tener un título nobiliario, el triste destino de los despojados de sus propiedades, la forma en que humillaba a secretarios de Estado, entre otras revelaciones.

 Un inmigrante envió un memorandum  al Ministerio de Asuntos Españoles que dice: “Las tierras que se han dado a los españoles son tierras de las que se ha expulsado con las fuerzas militares a los antiguos poseedores, dominicanos pobres, se puede pedir informes a los padres párrocos de Julia Molina y Cabrera. Diecinueve hombres del campo que se negaron a entregar sus tierras fueron vilmente asesinados y ahorcados por los enviados del gobierno, entre ellos tres miembros de la Venerable orden Tercera de San Francisco, testigos los párrocos antes citados y monseñor Leopoldo Ubrique, capuchino y obispo de La Vega, lo mismo ha sucedido en Azua, en Constanza, etc.”.

En otros, labradores valencianos se quejan de que el gobierno no les cumplía lo estipulado en los contratos, se revela la negativa de Franco al ansiado título nobiliario. “…Indique al licenciado Ortega por contacto del presidente de la Casa de España, o bien directamente si ello contribuyera a dulcificar la negativa, que aunque se reconocen los especiales, numerosos y estrechísimos vínculos que unen a España con el generalísimo Trujillo, la tradición, la costumbre y además el sentido intrínseco de un título nobiliario excluye en su concesión a jefes de estado extranjeros y a personalidades especialmente prominentes en la vida pública de otras potencias a causa del matiz de subordinación y dependencia jerárquica al jefe de estado otorgante que ello supone. Puede Vuecencia añadir también que aun en el caso de que el conocido amor a España del Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina le llevara a aceptar esta implícita subordinación al jefe de Estado Español, la concesión constituiría un precedente que pudiera traer consecuencias enojosas si se presentaren análogas iniciativas a favor de estos ilustres prohombres hispanoamericanos pero cuyos meritos  aun relevantes no justificasen el otorgamiento del título nobiliario”. Firma el Director General de la Política Exterior, en febrero de 1955.

“Trujillo humilla a sus secretarios” son las apreciaciones de Manuel de Aval y Marín, Ministro de España, del 16 de agosto de 1943. Dice: “Noches atrás, con la ocasión de celebrarse una fiesta de familia en la residencia privada de Trujillo, pude presenciar por hallarme sentado a la mesa de dicho primer magistrado, la serie de indiscreciones que cometió a causa de la borrachera de coñac español, que es su bebida favorita. Las humillaciones e impertinencias dirigidas a los ministros de su gobierno y demás camarilla, las autoconfesiones repetidas y machaconas de su valer y omnipotencia, es algo imposible de contar, los asistentes reían y comentaban elogiosamente en voz alta sus genialidades, que no eran sino groserías, el semblante de todos reflejaba la humildad del esclavo, escuché frases a media voz llenas de servilísimo repugnante”.  Al respecto, observa Alonso que “de cara al exterior a Trujillo es posible que se le condecorase, se le agasajase y digamos que se diera todo tipo de insignias, pero la diplomacia española consideraba que era un personaje infame, ridículo, que realmente no valía nada”.