“Tubby la Tuba”, temporada conciertos didácticos de la Sinfónica Nacional

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Los conciertos didácticos ofrecidos en el primer trimestre del año por la Orquesta Sinfónica Nacional en la sala Máximo Avilés Blonda de Bellas Artes se han convertido ya en una tradición. Penetrar en la sala y verla colmada de un público infantil y adolescente exultante es una verdadera satisfacción, una emoción que cada año sentimos con mayor placer.
El maestro José Antonio Molina, director de nuestra Sinfónica, cumple con una misión, más aún, con un compromiso que lo enaltece, el de llevar la música sinfónica a los estudiantes de primer nivel, siendo posiblemente para la mayoría de ellos su primer acercamiento a la música clásica.
El programa escogido no pudo ser más apropiado, fue presentado el cuento musical “Tubby la Tuba”, del compositor estadounidense George Kleinsinger y utilizando la figura de un narrador, exquisitamente histriónico, se entabló una relación entrañable que fascinó a la chiquillada.
Cual juglar medieval en constante movimiento, el narrador cuenta la historia, pero la idea es narrar el cuento a través de la música, por lo que antes, presenta las diferentes familias de instrumentos, dando así, además, sentido a la función didáctica del concierto. La participación del actor Samuel Esteban Peña Valdez como narrador fue verdaderamente impactante, mostrando además su faceta de cantante lírico, con voz de tenor de hermoso timbre.
“Tubby la Tuba”, se convierte en personaje y compartimos sus sentimientos. Como instrumento, el más reciente incorporado a la orquesta sinfónica moderna, se siente humillado, relegado por sus compañeros de orquesta, aun por los de los de su propia familia –viento metal–. Pero “la Tuba” con su sonido grave y cálido, logra imponerse y conquistarnos. Excelente intervención del instrumentista, Gregorio Rodríguez.
La orquesta, en consonancia con el motivo musical, lucía eufórica, espléndida, cohesionada bajo la batuta de Guillermo Mota Curiel, director asociado de la Sinfónica Nacional. El alborozado público escolar aplaudió largamente, ciertamente estaban descubriendo un nuevo mundo lleno de sonidos inimaginables.
Aun hubo más… como cierre, la orquesta interpreta el “galop” final, más conocido como “Can Can”, de la opereta “Orfeo en los infiernos” del compositor alemán-francés Jacques Offenbach, y entonces se produce una verdadera algarabía, todos de pie con palmadas rítmicas acompañan el célebre baile. Sin duda aquella experiencia quedará en la memoria de los infantes allí presentes, algunos podrían ser motivados a incursionar en la música, otros –en el futuro– a formar parte de un nuevo público sinfónico. Un reconocimiento a nuestra Sinfónica Nacional por la magnífica labor de proyección que viene realizando, dirigida a estudiantes y públicos no tradicionales, así es como al decir de algunos “se hace cultura”. Felicitaciones.