Un artículo en tiempos morados

En el año 1996, a pocos meses de llegar al poder el partido morado, un dirigente sindicalista me propuso escribir para el diario de su organización.
Ya llevábamos seis años trabajando juntos en la misma institución del Estado.
Dado que apenas empezaba en mi carrera como periodista, eso fue como un golpe de suerte.
La alegría no me cabía en el pecho la mañana en que vi mi artículo publicado en el periódico.
Lo agradecí con el corazón en las manos.
Pero no transcurrió un mes cuando me entregaron la carta de cancelación.
Visualizando la imagen de dos hijos que mantener, me costaba trabajo aceptar la idea de que había perdido la fuente de sustento.
Rascándome la cabeza incontables veces buscaba la razón.
Era uno de los primeros que siempre llegaba puntual cada mañana para reportar la eficacia de su trabajo.
Y nunca tropecé con nadie en algún mal entendido.
Pasaron días intentando encontrar la reposición hasta que me convencí de que había sido una decisión irrevocable.
No fue sino tiempo después cuando me di cuenta de que la causa de mi inesperada cancelación había sido la publicación de aquel artículo.
Fue solo un leve comentario-consejo sobre la resistencia del Gobierno a aumentar los salarios a los médicos y personal de enfermería.
Pero lo extraño fue que yo tuve que irme mientras el líder sindical conservó su posición en el Estado.
Luego intenté que él mismo abogara por mi causa. En principio tomaba mis llamadas.
Llegó el momento en que la realidad convenció mi pobre ingenuidad.
Nunca más volví a verlo y me cansé de hacer tantas horas a la puerta de una oficina esperando la misericordia de un funcionario indiferente y ebrio de poder.


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