Un asunto de vida o muerte

Millizen Uribe

No sé quiénes están conscientes de que al tomar el volante de un vehículo o cruzar una calle están jugando con sus propias vidas y con las de los demás.
De hecho, esta falta de consciencia, podría lucir, inicialmente, como un problema individual, pero, lo cierto es, que incide en lo colectivo, y, por ende, requiere soluciones integrales, políticas públicas eficaces. Y es que los accidentes de tránsito repercuten en la seguridad ciudadana de todos y todas.
Precisamente, este domingo, cuando inició la llamada “Semana de la Seguridad Vial”, el Observatorio Permanente de Seguridad Vial y el Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTRANT) informaron que el año pasado las cifras de muertes por accidentes de tránsito superaron con creces las del anterior.
En 2017 fallecieron 2 mil 804 personas, 815 muertes más que en 2016. Esto confirma que hay una tendencia ascendente y significa que, en promedio, siete personas pierden la vida diariamente como consecuencia de estos accidentes.
Dándole un poco de calidez a estos números, se trata de casi tres mil familias que han perdido uno o varios de sus miembros. Esto no sólo implica un drama humano, sino también económico, porque muchas veces quien pierde la vida es la persona laboralmente activa.
Además, hay otros casos en los que quedan heridos y lesiones de por vida, y entonces estas mismas familias deben asumir los costos.
Es por esto que urgen medidas y soluciones a esta problemática. En ese sentido, la concienciación es clave: conductores y peatones deben saber que su actuación es un asunto de vida o muerte.
De igual manera, hay que incrementar la educación vial, de modo que las personas tengan la información de qué es correcto y qué no, y para esto el conocimiento de las leyes de tránsito es vital. De hecho, este ciclo de educación e información debe iniciar cuanto antes y ser un componente de la formación ciudadana, por lo que es bueno que niños y niñas aprendan cómo transitar correctamente y que desde ahí se vaya sembrando esta semilla.
Finalmente, el otro componente es el del cumplimiento de las leyes. Conductores y peatones deben sentir la necesidad de cumplirla o, de lo contrario, su peso, sin importar si es militar, rico o famoso. Para esto hay que tener sistemas de vigilancia que van desde agentes dispuestos a defender la ley, con autoridad, pero sin autoritarismos, hasta sistemas de monitoreo como cámaras. Además, señalización correcta de las calles, avenidas y autopistas e iluminación constante.
Sólo así comenzaríamos a cambiar la tendencia de un problema que va creciendo y que, lamentablemente, puede terminar con la vida, esperanzas y sueños de nosotros/as o de nuestros seres queridos.