Un diálogo que hace mucha falta

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El episodio en que el Presidente Danilo Medina defiende las realizaciones de su gestión en respuesta a reclamos del sacerdote Benito Cruz Lantigua, de Santiago, refuerza el criterio de que es necesario que el mandatario se comunique más a menudo con el país. Las instituciones públicas mantienen un flujo abundante de informaciones sobre las ejecutorias del momento, pero hay temas de políticas de Estado que el país necesita oír en voz de su Presidente.
La comunicación entre gobernantes y gobernados no puede ser permanentemente de una sola vía. Es contraproducente. Muchas veces se ha planteado la necesidad de que el Presidente tenga intercambios más frecuentes con los periodistas que cubren las informaciones del Palacio Nacional. Podría ser saludable que el mandatario acepte el debate como forma de compartir con el país información relevante sobre políticas destinadas a enfrentar problemas que aquejan a la sociedad en general.
El Gobierno, a través de sus funcionarios, pone a la vista las cosas que realiza el Estado y las decisiones que toma en favor del bien común. Sin embargo, eso no está en discusión. Pero el país tiene necesidad y derecho de saber cómo piensa el Presidente sobre la realidad del país, y eso sería posible si hubiese un intercambio más frecuente entre el mandatario y su pueblo, a través de los medios de comunicación.

Impotentes ante el feminicidio

Este año van 49 feminicidios. En el contexto frío de las matemáticas la cifra es correcta, pero en términos sociales cada muerte se multiplica por mucho. El país es puntero en esta práctica irracional de las relaciones de pareja. Y lo más relevante de todo es que una posición tan alta en este ranking de tragedia resume la impotencia de la sociedad, sus instituciones y el Gobierno, para articular políticas que vayan desmontando las causales de esta saña contra la vida, la ajena, la propia y las de los relacionados que quedan destruidos por el dolor.
Frenar la violencia que degenera en feminicidio es una tarea pendiente para esta sociedad. Es obvio que falta más prevención que represión, más educación en valores y que la gente, pero el hombre sobre todo, se despoje del criterio de que una pareja es una propiedad. restauremos los valores perdidos.


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