Un luchador antitrujillista ignorado por la historia oficial

Calle “Eduardo Vicioso”, en Bella Vista. Foto/ Pedro Sosa y Duany Núñez
Calle “Eduardo Vicioso”, en Bella Vista. Foto/ Pedro Sosa y Duany Núñez

De los primeros luchadores antitrujillistas fue uno de los más valientes y decididos. Desafió al régimen desde dentro, públicamente, luego en la clandestinidad y en el exilio.
Participó en el más combatido complot contra la tiranía, en 1934, pero un año antes se atrevió a contradecir a José Enrique Aybar, colaborador del trujillato que propuso en una encuesta declarar reelecto a Trujillo para el periodo 1934-1938. Su posición se publicó en la primera página del Listín Diario el 24 de marzo de 1933, al día siguiente de que se lanzara el planteamiento, dirigido a “prominentes personajes de la política y de otras actividades nacionales”.
Eduardo Vicioso, cuya memoria honra una hermosa y extensa calle de Bella Vista, respondió: “Muy señor mío: Los absurdos que usted propone en su encuesta de fecha de ayer, de prescindir de las formas constitucionales, no pueden ser, a mi humilde entender, motivo de controversia…”.
En 1934, Vicioso fue acusado de haber “perpetrado crímenes de trama para cambiar el gobierno, excitar a los ciudadanos a armarse contra la autoridad legalmente constituida, provocar a la guerra civil, asociación o concierto de crímenes contra las personas, entre las cuales se comprendía la del Honorable Señor Presidente de la República Rafael Leónidas Trujillo Molina a quien pensaba darle muerte…”. También se le inculpaba por “posesión, tráfico y disposición de armas de fuego sin licencia”.
Junto a él fueron arrestados Juan de la Cruz Alfonseca (Niño), Ramón de Lara, Rafael Ramón Ellis Sánchez (Pupito), Oscar Michelena, Buenaventura Báez Ledesma, Ulises Pichardo Pimentel, Juan José y Dionisio Caballero y otros. Esta trama, conocida como la de los capitaleños, fue descubierta poco después de otra conocida como la del Centro de Recreo, de Santiago de los Caballeros. Unos y otros fueron víctimas de grandes padecimientos en las cárceles de Nigua y de la fortaleza Ozama. Algunos fueron asesinados en esas mazmorras.
En su libro “De Lilís a Trujillo”, Luis F. Mejía consigna. “Todos sufrieron las mayores torturas. Con un haz de cable de luz eléctrica atado a un palo que llaman canta claro, se les azotó colgados del techo y atados por las manos hasta dejarlos sin conocimiento. Fueron juzgados y condenados a 20 años de trabajo público. Trajeados de presidiarios picaron piedras en las carreteras…”.
Agrega que los empleaban en los más “ruines oficios” y que en Nigua sufrieron de paludismo pernicioso.
Juan Isidro Jimenes Grullón coincidió con Vicioso en la prisión y relata experiencias compartidas, en “Una gestapo en América: vida, tortura, agonía y muerte de presos políticos bajo la tiranía de Trujillo”. También hablan de Eduardo, Félix A. Mejía, autor de “Viacrucis de un pueblo”, y Bernardo Vega aporta datos sobre sus actividades en el exilio en “Los Estados Unidos y Trujillo, colección de documentos del Departamento de Estado y de las Fuerzas Armadas Norteamericanas”, 1984.
Durante la dictadura se publicaron tres tomos bajo el título “Dos procesos de nuestros anales criminales” (1945), por Manuel Ángel González Rodríguez, en uno de ellos aparece la única foto que se pudo conseguir de Eduardo Vicioso y vaga información para su biografía.
En el “Fondo Presidencia” que conserva el Archivo General de la Nación existe un expediente en el que su viuda, Concepción Colominas, reclama el pago de los bienes que fueron embargados a Vicioso. Contiene informes y correspondencia de 1966 a 1972.
En ningún libro de historia, diccionario o enciclopedia dominicanos aparecen referencias a Eduardo Vicioso.
Sus actuaciones antitrujillistas fueron condenadas con gran cobertura en las primeras páginas de los periódicos de 1934: condenado a reclusión de cinco años, reprobando “el criminal atentado contra la existencia del Benefactor de la Patria” y finalmente reconociendo “la magnanimidad” del generalísimo por haberle concedido el indulto “de la pena que no ha agotado”. Vicioso se marchó a Venezuela, donde falleció sin ver realizado el sueño del derrocamiento del régimen.
Escasos datos personales. Eduardo Joaquín nació en Santo Domingo el 16 de agosto de 1885. En ocasiones abrevian su segundo nombre como V., lo cual es incorrecto. En las reclamaciones de su esposa aparece como J. Carlos Larrazábal apunta que era hijo de Andrés Avelino Vicioso Bobea y Claudina Martin Batista.
Se graduó de abogado el 16 de junio de 1910, según el Anuario de la Universidad de Santo Domingo, academia en la que fue profesor de procedimiento civil durante más de 20 años. En junio de 1934 fue sustituido por el licenciado J. Humberto Ducoudray.
Cuando le interrogaron en agosto de 1934 Vicioso declaró residir en la calle “Moisés García” número 18 y estar casado.
Se ignora el nombre de su primera esposa y si procreó hijos tanto con esta como con la que figura como su viuda en las reclamaciones.
El revolucionario realizó en el exilio un intenso activismo contra Trujillo. Los papeles que reproduce Bernardo Vega lo sitúan en Cuba, en los preparativos, búsqueda de armas y apoyo económico y reclutamiento de adeptos para entrenar un Ejército de Liberación Dominicana para la expedición de 1959.
Junto a Luis F. Mejía y Juancito Rodríguez García convocaba a conferencias de prensa en Venezuela, donde residía, y hacía denuncias sobre contactos de Trujillo con otros dictadores y sus intermediarios.
El 18 de marzo de 1966, Concepción Luisa Colominas viuda Vicioso escribió en una comunicación al presidente Balaguer, en la que reclamaba los bienes incautados a su esposo durante la tiranía, que este falleció el 13 de febrero de 1959 “en la calle Calí, Quinta Maca, Urbanización Las Mercedes, Municipio Baruta, Distrito Sucre, del Estado Miranda de Venezuela, dejándola como legataria a título universal de todos sus bienes”.
El 31 de octubre de 1935 cuando Juan Isidro Jimenes Grullón se disponía a salir de la cárcel, Eduardo le dijo: “Tenemos que seguir luchando por su desaparición (la de Trujillo). Yo he sido fiel a este concepto. Por serlo, me han encarcelado ya tres veces y no cejaré. Pese a los martirios, a que estoy enfermo… Pero ¿qué mejor herencia para mi familia que haber muerto por anhelar una Patria digna? Si los sueltan, como espero, no olvides informar a nuestras familias sobre todo cuando nos ha acaecido”.
La calle. No se obtuvo la fecha en que una calle de Bella Vista fue designada “Eduardo Vicioso”, aunque es obvio que fue después de caída la tiranía de Trujillo. Se ubica en varios tramos. Uno está entre “Los Robles” y la “Julia Madsen”. En la “Enrique Jimenes Moya” retoma este nombre, se interrumpe en la “Juan Miguel Román” y continúa en la “Pedro A. Bobea” hasta morir en la “Doctor Defilló”.


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