Un mal uso de la función pública

Todos los gobiernos que ha tenido este país desde que acogió la democracia -tal vez exceptuando el trunco mandato del profesor Juan Bosch- han utilizado la función pública como moneda para pagar lealtades o adhesiones políticas. Este mal uso de los cargos lo confiesan sin el menor rubor algunos funcionarios, y hay casos recientes en los que se da testimonio de una distorsión cuyos elevados costos por burocracia y otros conceptos se cubren con dineros del erario.
El caso de INESPRE es patético. Su director, mayor general retirado Jorge Zorrilla Ozuna, presidente fundador del Partido Cívico Renovador, que es uno de los aliados del gobernante PLD, reconoce que el organismo que dirige no cumple la función para la que fue creado hace 48 años, que es la de estabilizar los precios de los productos de consumo básico. En cambio, mantiene una abundante y costosa burocracia.
Otro ejemplo es el de la Cancillería, que está en manos del PRD como resultado de una negociación en la cual esta organización se sumó al PLD en las elecciones del 2016. Este arreglo fue confirmado por el ministro administrativo de la Presidencia a raíz de una controversia entre el canciller Miguel Vargas y el siquiatra César Mella, director del IDSS. Como se ve, la función pública y las instituciones están a merced del clientelismo político.

El Estado debe arrimar el hombro

El martes de la semana pasada murió un bebé debido a que su familia no pudo reunir los recursos necesarios para tratarle en el extranjero la altresia de vías biliares que le había sido diagnosticada. Es una muerte penosa, que habla muy mal de nuestros servicios de asistencia social. No hay una puerta oficial a la que puedan tocar las familias pobres que se enfrentan a padecimientos de hijos que requieren atenciones médicas y procedimientos quirúrgicos muy costosos.
El Estado tiene que abrir un capítulo y crear una ventanilla a la que puedan acudir los padres que tienen hijos con patologías no comunes y de tratamiento inalcanzables para ellos. Independientemente de que esas familias hagan colectas para enfrentar la situación, el Estado debe ser el primero en tenderles la mano.