Un modo injusto de tratar al país

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tiende a agravar un conflicto innecesario con los dominicanos, como nación y como Estado, con su insistencia en tratar a este país como causa y origen de la carencia de identificación, más que de nacionalidad, de un sector de la diáspora haitiana aquí asentada con acceso sin discriminación a empleos y a servicios públicos como si se tratara de residentes ya regulados aunque no lo estén. Pretender concesiones a la ligera de estatus a extranjeros y sus descendientes y además que la Constitución y alguna ley dominicana sean modificadas con ese fin, contendría un costo alto para la soberanía nacional. Se irrespeta al país en el seno de este hemisferio en el que constantemente es tratado con distinción y confianza para mediar en pugnas que traspasan fronteras.
Al señalar a República Dominicana como responsable por la presencia de una migración numerosa sin el registro ciudadano que originalmente le corresponde, la CIDH se parcializa exigiéndole resolver un problema que debe ser visto en un contexto jurídico y de derechos de más amplitud, tomando en cuenta que para permanecer como nación y Estado con determinada composición demográfica y cultural, y con definidas metas de desarrollo social y económico, este país debe regularizar la presencia de extranjeros, con leyes y políticas propias, como hacen los demás.

Duro impacto de la criminalidad

No se trata únicamente de que la delincuencia golpea por muchos sitios en este país y de que la protección a la ciudadanía no ha cobrado la envergadura que corresponde. Es que además la gravedad de hechos que se repiten hiere cada día más la sensibilidad de muchas familias y comunidades. Asesinatos brutales para robarles a personas laboriosas que transitan a plena luz bajo la suposición de que sus vidas están garantizadas por un Estado diligente.

Tras la forma en que asaltantes quitaron la vida al ex-director de Aduanas, Roberto Bisonó, y a su yerno Eliseo Martínez en una localidad cibaeña, hay que insistir en que la criminalidad se percibe como amenaza mayor aunque las estadísticas les parezcan menores a ciertas autoridades. La atrocidad impacta mucho. Se le siente capaz de tocar cualquier puerta.