Un plan general para provincias

Las provincias no siempre reciben la atención que les haga justicia y en más de un caso sufren carencias que desfiguran el pasado que les enorgullecía; como San Pedro de Macorís con un puerto en destrozo total y la población sumida en las consecuencias de la caída de su industria azucarera por culpa de los gobiernos, con desempleo y exclusión del progreso. Ahí está El Seibo, que no ha podido salir de los primeros lugares del atraso. Si las promesas surtieran el efecto del maná, Pedernales fuera una tacita de oro; pero allí hay poco de qué vivir y su despoblación no cesa. Los senadores de gran parte de la zona fronteriza reconocen q ue falta mucho por hacer en favor de esas colectividades. Puerto Plata sigue bajo la espada de Damocles de la basura en las narices de los turistas. La desatención a canales de riego afecta varias zonas del país.

Dajabón padece crisis en el suministro de agua potable y su economía no crece. Hato Mayor ha visto declinar su ganadería y sus cultivos de cítricos fueron arrasados por plagas. Social y económicamente Monte Plata debería ser declarada en estado de emergencia y si se evaluaran los caminos vecinales de unas quince provincias de agro y pecuaria se descubriría lo más parecido a un desastre del transporte rural. Las visitas sorpresa y los recursos que las sustentan tendrían que ser multiplicadas por cien a la semana para poner a una buena parte del país en la ruta del alivio a los pesares.

 Caos urbano se  hace más visible

Bastaría con dar un paseo a lomo del teleférico para convencerse de que la densidad de población sin recursos, bajo caos urbanístico y en asentamientos críticos, constituye un problema social que reclama urgente atención. La suma de barrios carenciados en el Gran Santo Domingo no se queda ahí. La precariedad de vecindarios tiene pocas excepciones fuera de algunas muestras de un “Miami chiquito” sin la soñada réplica en miniatura de Nueva York. Demasiado gente apiñada en espacios que llaman urbanos, muchos impenetrables para camiones de basura, bomberos y ambulancias, en los que el asfalto parece no haber existido. Aunque las mediciones de la economía parezcan optimistas, desde lo alto la aglomeración habitacional de los que están fuera del confort y la abundancia es impresionante, en confirmación de lo mal que se distribuye el ingreso.