Una ciudad que expulsa a los pobres

Tahira Vargas

Los proyectos de desarrollo urbanístico de la ciudad de Santo Domingo desde la década de los 60 hasta nuestros días se han desarrollado con la expulsión de los pobres de la ciudad. Los desalojos continuos de moradores de los barrios urbano-marginales antecedieron a la construcción de avenidas, elevados, puentes y otras grandes obras.
La visión de que el pobre afea la ciudad ha estado presente en el imaginario de las distintas gestiones gubernamentales, sectores de poder y de nuestros gobiernos locales.
El horrendo crimen perpetrado por un policía municipal contra un hombre que trataba de evitar que recogieran a jóvenes que limpian vidrios en el Polígono Central de la ciudad de Santo Domingo ha consternado a toda la sociedad.

La pobreza extrema que vive una parte de la población empuja a niños, jóvenes y personas adultas a la calle para “buscársela en lo que sea”, no existen en el país oportunidades de fuentes de ingresos estable para esta población. De ahí que encontremos en las calles, vendedores/as ambulantes, limpiadores de vidrios, indigentes, entre otros…
Estos jóvenes tienen historias de vida desgarrantes. Desde los 5-7 años están “fajados con la vida”, luchan cada hora; cada día por conseguir agua para bañarse; dinero para comer algo en el día; dormir en pedazos de cartón con piso de tierra, entre otras calamidades que vive la población en extrema pobreza. Su presencia se convierte en un medio de visibilización de una realidad vedada para muchas personas de estratos medios y altos que desconocen la otra cara de la ciudad de Santo Domingo, donde vive la mayoría de la población de esta ciudad. Su presencia favorece a que muchas personas que solo circulan en el Polígono Central entren en contacto con un poco de la pobreza y realidad que afecta a mucha gente que come las sobras que dejan en sus zafacones o que con las migajas que puedan darles comen y sobreviven.
Las personas que se encuentran en las calles haciendo estas labores de limpiavidrios, pidiendo o vendiendo no amenazan la seguridad ciudadana de quienes transitan por la ciudad ni violentan el tránsito por la misma. Las redes delictivas tienen otra lógica de funcionamiento. Los atracos y robos realizados últimamente contra bancos, centros comerciales y residencias se hacen con jeepetas.
El Ayuntamiento del Distrito Nacional debe revisar estas medidas que son violatorias de los derechos humanos de muchas personas vulnerables. La vulnerabilidad no le otorga autoridad para violentar y maltratar a quienes la sufren. Por el contrario, llama la atención para sensibilizarnos frente a ella y buscar opciones y alternativas para su erradicación.


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