Una costumbre antigua

Federico  Henríquez Gratereaux

Hace muchos años, cuando restauraron la casa de don Rodrigo de Bastidas, “almojarife” mayor de Santo Domingo, fui a visitar esa hermosa residencia colonial, situada en el barrio más elegante del siglo XVI. “Almojarife” es algo así como recaudador de impuestos por mandato del rey. En aquella ocasión me senté en un banco de hierro para contemplar el espléndido patio de don Rodrigo. En este amplísimo patio Bastidas pudo ejercitarse a caballo y a pie; tal vez recibía allí a los aduladores más prominentes de la época, o imaginaba trampas, alcabalas y negocios, en compañía de poderosos señores. Bastidas fue también alcalde y adelantado de Santa Marta.

En la catedral Primada de América se encuentran los restos de Bastidas, en una lujosa tumba, instalada dentro de una capilla dedicada originalmente a Santa Ana. Se dice que esta capilla “sirvió de dormitorio al corsario inglés Francis Drake” en 1586. Tal vez haya sido la segunda capilla en construirse. Existe una carta de Bastidas a la emperatriz Isabel de Portugal, en la cual le informa del dinero que cada año gasta “para el edificio de una capilla que en ella fago”. Don Rodrigo y su hijo fueron de los primeros colonos enriquecidos en tierra americana “a través” de la administración pública.

Don Rodrigo de Bastidas, notable criador de vacas, hizo una relación de bienes en 1551, en la cual figuraban: 26 casas en la ciudad de Santo Domingo, 11 hatos con 25,000 cabezas de ganado y 80 esclavos; tierras, ingenios, etc. Esta declaración se hizo para establecer el mayorazgo. El hijo del adelantado -obispo de San Juan- murió sin tener hijos. Los datos aparecen en los documentos recopilados por don Américo Lugo bajo el título “Edad Media de la isla Española”.

¿Robaba Bastidas los dineros públicos como siempre ha ocurrido? Francis Bacon, canciller de Jacobo I, filósofo, escritor, fue acusado de venalidad, cargo que no negó. Quizás el “almojarife” Bastidas hizo lo mismo que el admirable Bacon, pero no sufrió ningún juicio, una costumbre que en esta isla tiene cuatro siglos. En 1563 Alonso de Herrera dirigió una carta al rey de España: “la gente de esta tierra es henemiga de que se haga justicia en ella”.

 


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