Una disculpa, ¿puede resarcir el daño causado?

MARIEN ARISTY CAPITÁN

Cuando el río suena, en asuntos de política, ¿trae las piedras o se las tiran para que las arrastre? Hoy día, tras ver que el senador Wilton Guerrero se retractó de las imputaciones que hizo al entonces candidato presidencial Hipólito Mejía de haber viajado a México en un avión facilitado por el líder del cartel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, podríamos decir que las piedras aquí son fáciles de colocar y, lo que es peor, crear tremendo ruido.
Las declaraciones de Wilton fueron ofrecidas en una rueda de prensa el 16 de mayo del 2012 (a cuatro días de las elecciones) y crearon gran revuelo porque él aseguró que el propio piloto Chávez Ramírez lo admitió, tras ser apresado el 8 de abril del 2012 en un hotel del malecón y agregó que un sicario del cartel, que fue asesinado, dirigía un movimiento de apoyo a Mejía.
A pesar de que Hipólito se defendió como bien sabe hacerlo, nuca se sabrá si esas declaraciones dañaron su imagen. ¡Suerte que es tozudo y peleó hasta el final cuando declararon nula la demanda que interpuso contra Guerrero, quien ahora admitió que recibió la información pero no confirmó su veracidad!
El caso, que se archivó ayer después que Wilton se disculpara, obliga a pensar en lo delicado que es validar y replicar las acusaciones que otros hacen contra los políticos y los personajes públicos. En un país en el que el rumor tiene visos de fe, hay que tener mucho cuidado porque no es cierto que una disculpa sea suficiente para resarcir el daño que se hace con una acusación tan grave como la de recibir favores de un cartel de drogas. Wilton se salva porque Hipólito es Hipólito.