Una esperanza en alto riesgo

Un diagnóstico de mucho crédito contiene exactitud matemática: ahorrar en fondos para pensiones no garantiza por ahora que el afiliado de ingreso medio, que es mayoría, recibirá después al avanzar en edad una suma de dinero mensual que sirva para vivir dignamente. La cuenta no da de ninguna forma para erogarle un reembolso basado en lo acumulado y en el rendimiento logrado en el mercado financiero y que equivalga a una fracción apropiada de su último salario para cubrir el costo de la vida, amparo que solo duraría ocho años. El sueño de salir de la vida productiva para quedar cubierto cabalmente por los resultados de una gigantesca acumulación de valores, se hizo trizas. Tras los años transcurridos en la edificación de un colosal patrimonio queda a la vista su actual inutilidad social a causa de varios factores señalados objetivamente por conocedores de la materia.
El capital colectivo renta poco y se cuestionan los beneficios que obtienen las administradoras; a más de que los aportes al sistema son inferiores a los promedios en otros países donde las cosas funcionan mejor aunque con riesgos a futuro. Para los dominicanos no queda otra alternativa que revisar la ley y la forma de gestionar los dineros amasados con el sudor de los trabajadores. Arribar con sentido de la proporcionalidad a una fórmula que sirva para recaudar más y proveer mejor a los afiliados como parte débil del todo.

El desempleo y algunos reflejos

Un buen número de intersecciones viales reflejan crisis social al estar parcialmente ocupadas por hordas de vendedores. También lo muestra en todo su grosor el transporte urbano basado en automóviles ruinosos, pilotados por choferes que muestran pobreza, baja escolaridad y proclividad a la violación de tránsito. Las muchas congestionadas zonas de comercio callejero, incluyendo el desastroso mercado de la avenida Duarte y su incontenible entorno de ventas sin higiene constituyen desastres capitalinos.La fealdad metropolitana se nutre del desempleo que engendra buscavidas informales. No han tenido forma antes de ingresar a sistemas productivos formales en agricultura, comercio y menos al sector industrial, digno de más vigor y expansión como genuina expresión de progreso. A veces las estadísticas dicen menos que la realidad.


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