Una lágrima por Israel; un sollozo por Gaza

Ubi Rivas.

Las protestas de palestinos acorralados en la Franja de Gaza (dos millones) con los triples motivos del 70 aniversario de la fundación del Estado Judío, Nakba (desgracia para el mundo árabe), el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén votada por ley del Congreso norteamericano en 1995 y que el presidente Donald Trump dispuso, y exigencia palestina del retorno a los hogares desplazados por la primera de seis guerras en 1948, han culminado en una horrorosa masacre.
Ruedan por mis mejillas sendas lágrimas, como un escape emocional ante la perplejidad que sacuden las fibras de mis emociones más íntimas, comprobando la dimensión infinita de la crueldad y el encallecimiento de conciencia de los judíos ante la masacre de sus hermanos de padre palestinos, y si en verdad creen que esa será por siempre la actitud para soldar la paz que inexorablemente advendrá algún día, como inexorable fue la espléndida realidad del Estado judío, e inexorable será la fundación del Estado Palestino.
Surge un sollozo de jipío y mandíbulas sin control, ante la desgracia que abate a más de 70 familiares de muertos y unos tres mil heridos ocasionados por el Tzahal a palestinos que en su sufrido territorio gazatí, protestaban lanzando piedras y quemando neumáticos, pudiendo controlarse con lacrimógenas y balas de caucho, y no metrallas de balas de profunda penetración.
Lo peor de toda esta nueva abominación judía, es el cinismo usado por el presidente Trump justificando la barbarie, sin la menor amonestación a Israel, quedando ambos solos en las Naciones Unidas, en que 191 países de 193, condenaron la infame carnicería.
La Era Trump asoma con la noción de que por primera vez, Estados Unidos será aislado por la comunidad internacional en todo.


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