Una nueva agropecuaria nacional

¿Cuál es el modelo  que tenemos en el campo dominicano?

El concepto de moda en el sector agropecuario es “reconversión productiva”. Con él se  alude a los cambios que es necesario introducir en el modelo de producción agropecuaria del país.

La pregunta que surge de inmediato es  ¿y cuál es el modelo agropecuario  que tenemos en el campo dominicano? Si medimos por los resultados puedo afirmar que es un modelo altamente ineficiente,  incapaz de satisfacer la demanda interna de  alimentos, depredador de la naturaleza,  con  baja productividad, no competitivo, que  profundiza la desigualdad, reproduce la pobreza, la marginalidad y la migración en el campo.

Entonces ¿Cambiarlo por cuál modelo? Sin titubear afirmo: por un modelo de desarrollo productivo, enfocado en dos objetivos principales:  primero: garantizar la soberanía alimentaria del pueblo dominicano. La autosuficiencia alimentaria nos libera de la importación de los bienes que podemos producir en el país, genera empleo masivo en el campo y disminuye nuestro déficit comercial. Segundo: convertir a la República Dominicana en un país agro-exportador. Para ello tenemos que aprovechar las ventajas que nos brinda la naturaleza de suelo, clima y posición geográfica para producir  rubros con  gran demanda internacional y encontrarnos en la ruta del mercado de países ricos y grandes consumidores. Digamos que además hay dos mercados de “cuasi exportación”  que podemos aprovechar: las comunidades dominicanas del exterior y el consumo alimentario (para no referirnos a la artesanía) de los turistas que visitan nuestro país. El desarrollo de un modelo afincado en la producción y el trabajo, mejora las condiciones de vida de productores agrícolas y de sus familias, crea oportunidades en el entorno de las personas que viven en el campo, disminuyendo  la pobreza y la  migración.

¿Qué hacer para avanzar hacia un modelo de desarrollo productivo en la agropecuaria? Esta es la pregunta obligada a la que tenemos que darle respuesta. Veamos:

1.- Universalizar el crédito agropecuario haciéndolo accesible a todos  los agricultores y ganaderos. Los productores agrícolas deben recibir financiamiento  a los mismos intereses que tienen los agricultores de otras naciones  exitosas en la producción de alimentos.

El primer paso para avanzar en ese sentido lo tiene que dar el Estado, comprando la deuda acumulada de los productores contraída con el “crédito informal” con intereses que oscilan desde un 5%  hasta un 15% mensuales.  Este financiamiento con intereses de usura es una de las causas básicas de la gran pobreza del campo, de su marginalidad, falta de competitividad y responsable también de la ausencia de tecnología. Para tener una idea del déficit de financiamiento en el campo debo decir que la demanda actual de crédito del conjunto de productores agropecuarios del país asciende a la suma de cincuenta mil millones de pesos.  ¿Con qué cantidad cuenta hoy el Banco Agrícola y los fondos destinados al FEDA? Tan solo con el 20% de la suma referida, esto es, con unos 10 mil millones. ¿Y dónde creen ustedes que van los productores agrícolas a buscar los 40 mil millones faltantes? Al mercado usurero. Así no se puede.

Con voluntad política el gobierno puede destinar al financiamiento agropecuario  a través del Banco Agrícola el 20 o 25% de los fondos de PETROCARIBE  y superar por esa vía el déficit actual y poner esos recursos a producir riqueza y a superar la pobreza ancestral de nuestros campos.

2. Una efectiva política de producción, almacenamiento y uso racional del agua. El agua es la  vía más expedita para llevar tecnología a los predios cultivables.  Regiones importantes en la geografía nacional con gran potencial productivo tienen precario abastecimiento de agua, reduciendo su potencial a un solo ciclo de siembra.

A estos fines hay dos líneas de acción imprescindibles: Una: la construcción de obras de infraestructura para garantizar un mayor almacenamiento de agua. En nuestra región  sur, por ejemplo, siguen pendientes la presa Monte Grande en el río Yaque del Sur, para abastecer de agua a la región Enriquillo; la presa del río Joca, para irrigar las grandes llanuras de la provincia Elías Piña; la presa de río Mijo y el contra-embalse de la presa Sabaneta, para resolver el gran déficit de suministro de agua del valle de San Juan. Uno se pregunta ¿No es la construcción de estas presas mucho más trascendente para el desarrollo agropecuario y para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la región sur que la construcción de la carretera Cibao-Sur? Dos: Desarrollar un gran programa de financiamiento para el uso masivo de riego presurizado y así eficientizar el uso del agua y posibilitar el incremento de la productividad.


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