Ven y enfrentan la vida de otra forma

Tengo la gran oportunidad de haber conocido en mi trabajo a una de las mujeres más admirables que puedo haber visto jamás, una trabajadora incansable, con un talento inigualable, pero sobre todo con una fortaleza que solo puede venir de Dios. Y como ella sé que hay muchas, más de las que nos podemos imaginar, madres especiales (algunas de ellas hasta solteras) con niños de necesidades especiales. Ellas, son un gran ejemplo de vida.
Yo estoy segura que ellas no lo saben, pero resultan ser muy valiosas a los ojos de muchas de nosotras. Las súper heroínas que no necesitan llevar una capa ni un antifaz para luchar con los miedos e incertidumbres más grandes con tal de sacar a sus hijos adelante.
En primer lugar, tienen un poder de reacción que es envidiable. Todas han debido superar el trance del diagnóstico y sacar fuerzas para no flaquear. Obviamente después de recibir la noticia, nada les es igual, ni son iguales los bebés ni las mamás… todo les cambia, es el antes y el después del diagnóstico. Y, ante este cambio, el ancla muchas veces es la madre, es la que reacciona, devuelve la serenidad, tranquiliza, es la que busca la información, es la que aprende, es la que enseña. Es estar dispuesta a no ser simplemente madre, sino aprender a cumplir roles… médico, enfermera, terapista, maestra, al tiempo que cumple su papel de madre (a veces hasta de más de dos hijos) y también ser esposa.
A pesar de todo esto, cuando sinceramente aceptan esta condición de vida, se les acaban los reclamos para transformarlos en razones, y las dudas las convierten en seguridad y certeza de que todo estará bien. En su familia y hogar brota un nuevo tipo de amor, más puro, más noble y que supera todas las expectativas que un día se pudieron haber hecho.
Las madres especiales tienen el privilegio de conocer momentos de profunda felicidad y satisfacción que las madres comunes, a veces, no sabemos apreciar… cada logro, cada progreso son motivo de una alegría sin par y les da fuerzas para seguir adelante, poniendo una canción en su corazón que les perdura en los momentos de desaliento.
Lo más difícil de todo esto es ver que las madres especiales también tienen días de veinticuatro horas como el resto de nosotras, y en ese lapso atienden a todo lo estrictamente pertinente a su rol, también a lo terapéutico y, por si esto fuera poco, se sobreponen a los obstáculos, superan los prejuicios, enseñan con el ejemplo y tienen una paciencia de santas.

Sin duda alguna, las madres de niños especiales ven y enfrentan la vida de otra forma. Casi sin tiempo para banalidades. Llegando a vivir una vida espiritual y familiar mucho más enriquecida que otras, pues han comprendido casi a nivel celestial que ser humildes es una condición necesaria para seguir luchando contra la adversidad.

Son personas capaces de cuidar más de la familia, del tiempo que pasan juntos y valoran las cosas realmente importantes. Los integrantes de familias donde hay niños con capacidades diferentes, desarrollan atributos como la humildad y el perdón a niveles casi celestiales. En un mundo donde lo espiritual está cada vez más limitado, ser fiel reflejo de lo que es tener esperanza y fe, se agradece enormemente. Pues casi sin quererlo contagian a los demás a seguir perseverando para alcanzar nuestros sueños.