Venezolanos en desesperación

Los dominicanos son testigos de primer plano del desastre social y político de Venezuela a través de miles de inmigrantes que lanzados a la expatriación llegan a estas playas. Son vistos a diario en disímiles formas de ganarse la vida, incluso obligados a aceptar oficios de niveles inferiores a su formación técnica o profesional. Los títulos no siempre abren puertas al que llega abruptamente y su esfuerzo por integrarse a la sociedad les reserva obstáculos y desafíos en un medio que se ha tornado difícil hasta para dominicanos marginados de empleos por nuevos modelos de producción. La peor de esta inmigración disparada por un gobierno que hunde en crisis a Venezuela está en el mercado del sexo. Algunas de las muchachas que huyen del colapso afirman que es aquí donde por primera vez practican el más antiguo oficio de la humanidad.
Una parte de los venezolanos, exiliados por el absurdo de políticas seudo-revolucionarias que destruyen lo que existe sin crear alternativas, también tiene acceso al renglón laboral de servicios al que son útiles por su escolaridad, similitud de culturas y la ventaja del idioma sin dejar por ello de confrontar dificultades para regularizar sus estatus migratorios ante una burocracia tortuosa y a veces hostil. En una buena parte del mundo ocurre lo mismo. Multitudes obligadas a cambiar de territorio. En todos los destinos debe haber comprensión para su desgracia.

Un éxito que compromete

A medida que crece la llegada de turistas en confirmación de que República Dominicana es destino excelente para una diversidad de viajeros del mundo, mayor motivo existe para perfeccionar la hospitalidad al tiempo de ampliar los atractivos en lo cultural, histórico y ecológico. Cuestión de que se pueda llegar más allá de playas y cotos del todo incluido. Existe ya una favorable red de carreteras.
Ahora debe ponerse proa hacia el reordenamiento urbano; que en las rutas y puntos de escala no aparezca tanto el caos generado por la permisividad que asiste a quienes se avecinan con diversos fines contra el correcto uso de espacios públicos y reglas de ornato en perjuicio de propios y extraños que merecen más entornos dignos para moverse por el país y en los que haya menos riesgos de tránsito y delincuencia.