Víctor Grimaldi y abril del 65

ÁNGELA PEÑA
Pocos acontecimientos del pasado reciente dominicano se analizan y conmemoran con el fervor y la pasión de la Revolución de 1965. En cada aniversario abundan las ofrendas, coloquios, misas, exposiciones, y como el hecho tuvo tantos actores que aún viven, abril siempre trae también nuevas polémicas, nacientes héroes y mártires, agrios ataques y mordaces reclamos. La producción bibliográfica sobre el tema es copiosa, pero invariablemente surge algo inédito que contar por lo que en este mes de glorias y dolores, se agregan testimonios a lo escrito.

Hay ejemplares que se hacen necesarios, perennes, porque son portadores de documentos que no registran los archivos dominicanos ni la mente prejuiciada, parcial e interesada de algunos autores. De ahí el valor de 1965: La Invasión Norteamericana, de Víctor Grimaldi, que circula en edición actualizada, dedicada exclusivamente a la contienda. Entre otras novedades incluye una apreciable cantidad de fotos originales y el presente o el final de personajes de aquel momento.

¿Quiénes solicitaron la ocupación militar norteamericana? “Reid pidió la intervención de Estados Unidos…” el 25 de abril. “La Fuerza Aérea comenzó bombardeando el puente Ozama y Wessin explicó el plan para cruzar. Ambos pidieron tropas a los Estados Unidos” el 26. “La Junta Militar de San Isidro, la que pidió por carta la intervención militar norteamericana”. “Bennet reportó llamada de Benoit, requiriendo que EE UU desembarque 1.200 marines “para ayudar a restaurar la paz…”.

En casi 400 páginas, Grimaldi reproduce interrogatorios, informes, conversaciones, entrevistas, boletines, memorias, del Consejo Nacional de Seguridad, la CIA, la Biblioteca Presidencial Lyndon B. Johnson, antes secretos, ahora “desclasificados”. Agrega reseñas de publicaciones estadounidenses y lo poco que pudieron recoger el Listín Diario y El Caribe pues el 28 interrumpieron sus tiradas. Los datos pudieran ser veraces, retorcidos o ajustados al capricho de los gringos, pero no dejan de ser reveladores. De hecho, Grimaldi desmiente algunas informaciones, como la del alto oficial al que supuestamente le cortaron la cabeza o el fusilamiento de Rafael Bonilla Atiles del que comenta: “…Hoy, en 2005, cuarenta años después él sigue haciendo su programa de televisión, luego de haber resucitado…”.

¿Fue exageración o falsedad el boche del embajador Bennet a Molina Ureña y a Caamaño cuando éstos fueron a conversar con él? ¿Fue cierta “la desbandada de buena parte del liderato civil”, con las excepciones de Jottin Cury y Luis Lembert Peguero? ¿Es verdad que Molina Ureña, Peña Gómez y Hernando Ramírez también desertaron, y que “Peña informó a la embajada que consideraba el movimiento derrotado” ¿Es auténtica esta nota?: “El Secretario General del PRD dice que el Partido ya no está conectado con la lucha. Si los rebeldes ganan será una victoria de la extrema izquierda”. ¿Es afirmativo que ya el 29 de abril Wessin se había convertido en “el blanco de repudio del gobierno norteamericano”?

Más que los ataques de los aviones, las órdenes de ametrallamiento de Wessin, los tanques y artillerías, los bombardeos, los embates a “extremistas y comunistas”, asilamientos, huídas, fracasos de mediación, la invasión del día 28, los triunfos constitucionalistas, 1965: La invasión norteamericana es una cronología de la guerra, con participantes de todos los bandos. “Imbert tomó el Palacio Nacional”. Se juramenta, el gobierno del Presidente Caamaño “con las orientaciones de Juan Bosch”. “Radio anti-rebelde anuncia formación de Junta: Benoit (Fuerza Aérea), Casado Saladín (Ejército), Santana Carrasco (Marina). Los decretos del efímero mandato de Molina Ureña, los complicados nombres de los militares foráneos aparecen en interminable cantidad de detalles, tan considerables como las lamentables bajas, tan sencillos como éste: “No hay energía eléctrica. El aeropuerto cerrado”.