Violencia de género y su expresión en jóvenes

Tahira Vargas

Continuamente muchas adolescentes de estratos pobres “se casan” que es lo mismo que “se van” con sus parejas, sea porque salieron embarazadas o porque son activas sexualmente. “Casarse” es la legitimación de las relaciones sexuales entre ellas y su pareja. “Se supone” que no puede seguir viviendo en su casa porque “ya no es señorita, es una mujer” (aún con 12 años) por tanto son expulsadas (explicita o implícitamente) de sus hogares lo mismo que ocurre en las escuelas.

Estas jóvenes y adolescentes a los dos o tres meses de estar conviviendo con su pareja (que puede ser un adolescente o un hombre-adulto) son víctimas de maltrato físico, verbal y psicológico continuo.

Detrás de esos golpes que recibe la adolescente (que muchas veces calla y acepta con miedo a denunciarlo) hay una lógica masculina que se reproduce en las distintas generaciones de nuestra sociedad marcada por los celos, la posesión y que se expresa en el colmadón, en el callejón, las redes sociales, celulares, entre otros…

El joven de sexo masculino aprende desde su niñez en todos los espacios de socialización que la mujer le pertenece. “Esa es mi mujer”, por lo que puede disponer de su vida y de su cuerpo tanto en manifestaciones de cariño, caricias o sexo, como en el maltrato, insultos y golpes. Este sentido de pertenencia-posesión supone que “su novia”, “su mujer” no debe salir sin permiso, en caso de desobedecerlo debe ser castigada.

El joven novio o cónyuge no pide permiso para salir a beber con sus amigos al colmado o a la esquina, él supone que como norma social la mujer debe “dar cuentas” lo que denota el ejercicio de poder sobre ella.

Los golpes y el castigo corrigen conductas según nuestras pautas culturales y estas pautas que sustentan la violencia en las relaciones de pareja, de padres/ madres-hijos(as) no han cambiado, se reproducen cada día, en cada generación.

Cambiar la lógica masculina que sustenta la violencia contra la mujer es un reto. La masculinidad sustentada en la violencia se fortalece cada día. El hombre se resiste a demostrar cualquier posible signo de “debilidad” que pueda mostrarse en que “su novia” o “su mujer” actúe con independencia y libertad.

La promoción de la libertad, igualdad y equidad en las relaciones de parejas desde la adolescencia y juventud debe promoverse desde la educación formal, medios de comunicación, música, espacios de convivencia social, familia y sistema educativo. Romper con el ejercicio de poder masculino y subordinación femenina supone también cambios en discursos y prácticas religiosas que promueven sumisión y “aguante” legitimadores de la violencia.