Visión crítica de los poemas de René del Risco Bermúdez, VII

Juan Freddy Armando.
Juan Freddy Armando.

PARTE FORMAL DEL VIENTO FRÍO.

Forma exterior: extensión de los versos.

Aquí, como en otras zonas de su obra, Del Risco Bermúdez los prefiere de extensión entre mediano y corto (de 9 a 11 sílabas) tal vez porque su mente conserva el recuerdo los sonetos que había escrito, entre los cuales primaba el endecasílabo. Los alterna con muchos largos (de aproximadamente 14 a 20 sílabas)propias del verso libre de los años ’60. De gran fuerza expresiva, lograba en ellos estremecernos con fotografías verbales complejas e impactantes. De vez en cuando acude a los cortos (de 5 a 7 sílabas) para dar énfasis a una imagen directa y menuda.
Este juego le permite el ritmo natural que consigue una de las características indispensable en toda buena poesía: que el lector pueda oír al escritor como si estuviese a su lado pronunciando las palabras sus palabras, recuperando así la original y más efectiva faceta de la lengua: la oralidad y cadencia, valiosas para que el emisor logre sus propósitos comunicativos frente al receptor.

Forma interior o imágenes y tropos.

A lo largo del libro, va el autor frecuentando más metáforas e imágenes que lo acercan poco a poco a la tradición española de gran presencia metafórica. Pero nunca llega a alejarse de su estilo preferido de comunicación: lo sencillo, cotidiano, dialogal, con el que produce excelentes frutos.

Otras señales distintivas son: 1. Poema narrativo.2. Sobriedad dramática. 3. Emocionalidad elegante de la lírica francesa. 4. Tropos de aguda observación propios del verso español y latinoamericano, para darnos unas formas de expresión de gran versatilidad, efecto emocional y ensimismamiento estético. 4. Lo conversacional, con voz dirigida a la segunda persona. 5. Lo cinematográfico, que, como hemos dicho, emplea también en sus cuentos.

Esta forma conversacional y de imágenes fílmicas llevadas a lo poético alcanza innovaciones tan hermosas como las de la pieza Belicia, Mi Amiga:

Estamos nuevamente en la ciudad,
en las provincias,
leyendo los periódicos,
seleccionando perfumes y corbatas,
gesticulando festivamente
como pequeños burgueses…
Belicia, mi amiga,
tal vez debamos ya cambiar estas palabras.
Atrás quedaron humaredas y zapatos vacíos
y cabellos flotando tristemente…
Ya no son tan importantes los demás,
ni siquiera tú eres tan importante;…

EL MEJOR POEMA DEL LIBRO:

Establezco un orden de calidad de acuerdo a los criterios salidos de mi estudio comparativo de ellos en el libro El viento frío.

El mejor es, a mi juicio, el penúltimo: No Estaremos Tú y Yo. Después, van los siguientes: Este Es Un Juego Triste; Preferiré Recordar; Si he Llegado a tus Manos; Si nos Atrevemos a Salir; Belicia, Mi Amiga; El viento Frío; Esta Dulce Mujer; Y no Importa.

El texto No Estaremos Tu y Yo es especial.Debe estar en toda buena antología poética dominicana. Cumple con el principio que considero básico en toda gran obra literaria: que su idea central sea creativa, graciosa y profunda, para comunicar al lector aquello hasta ese momento no sabía que sabía. Lo demás -metáforas, imágenes, tropos, experimentos expresivos y otros recursos- pueden estar ausentes, y eso no le impide su calidad. El texto poético ha de producir la conmoción que Kafka definía como característica principal de un buen libro:“Debe ser un hachazo que rompa la cabeza del lector”. Que lo coloque en otro mundo, en una tensión-identificación entre obra y e individuo que lo sustraiga de su realidad circundante interior y exterior, y lo transporte a lo profundo del ser, a fuerza de seductora gracia.

Este texto tiene la particular condición de que el autor aporta una nueva forma de ver el hecho verbal: se marcha de sí mismo, de su juventud, lugar en la historia, hundido en su mundo personal y de la muchacha que lo acompaña, y nos ve a nosotros, los jóvenes del futuro, haciendo a nuestra manera lo que hizo él a su estilo y época. Adivina, predice, profetiza, como todo bardo verdadero, lo que vendrá: la llegada del hombre a la luna, los edificios de altísimo número de pisos, nuevos giros del conflicto entre los hombres y los satélites que nos vigilan día y noche, quitándonos la vida privada de la que privamos, para decirlo en lenguaje dominicano. Hace una combinación entre la alegría del romance con la mujer y la tristeza de prefigurar el fin del hombre en sus afanes guerreristas. Oigamos al poeta:

Entonces los satélites CCCP y USA
estarán a muchos miles de kilómetros
sobre la cabeza de otros amantes
despreocupadamente alegres
que en las calles del mundo
cortarán con sus rostros la llovizna
y llorarán, tal vez,
por alguien que murió con un tiro en la frente.

El poema es una añoranza del futuro, y por eso manifiesta la angustia de no estar en el porvenir, en esos momentos estelares de la humanidad que la imaginación del escritor prefigura. Por ello, culmina con un grito de guerra que reverbera desde ese momento hasta nuestros días, y se interna en nuestro oído y nos hace ver que de alguna manera, en este instante René Federico José Ramón del Risco Bermúdez -el nombre completo con que fue declarado por sus padres- está presente, en cuerpo y alma, nombre y figura, aquí en la habitación donde escribo, espetándome su imposible presencia deseada, su impotencia por no poder vivir el instante que predice, la gloria que proclama, la premonitoria magia de la inteligencia humana en su obra destructiva y constructiva, su poder para maldad y ternura, dolor y amor.

Culmina diciéndole a la muchacha que lo acompaña y escucha (sabiendo que también nos lo dice a nosotros):

“Resulta, en cambio simple esta verdad:
¡No estaremos tú y yo, sencillamente…!”.

Tan sencillamente como quien se fue, decimos nosotros, parafraseando un verso de su canción La muerte nos hace iguales.
Es una reflexión sobre el sentimiento trágico de la condición efímera del vivir, que recuerda la profunda angustia del rey Jerjes ante lo fugaz del ser, que nos cuenta Heródoto: Camino a la conquista de Esparta y Atenas, lo único que le faltaba al Imperio Persa para dominar todo el mundo, el rey Jerjes se detiene a contemplar el esplendor de su ejército, el más poderoso de la Tierra. Se alegra mucho, y de repente estalla en lágrimas. Su tío Altábano le dice :“Majestad, ¡qué gran diferencia existe entre tu actitud de ahora y la de hace un instante! Primero te consideraste un hombre afortunado y, en estos momentos, estás llorando”. El rey persa responde: “Es que me ha invadido un sentimiento de tristeza al pensar en lo breve que es la vida de todo hombre, si tenemos en cuenta que, de toda esta cantidad de gente y todo este poderío, no quedará absolutamente nadie dentro de cien años”.
Ese profundo sentido de indefensión que llevó siempre nuestro vate es lo que rezuma con valiosos recursos estéticos, esta excelente pieza de René del Risco, con el que terminamos nuestro análisis del único libro publicado por el autor.

TRES PERÍODOS

Recapitulando, digamos que los poemas están cronológicamente agrupados en tres partes: 1. Sonetos, de su inicial labor escritural. 2. Contenidos en su libro El Viento Frío. 3. Publicados post mortem.
En una próxima ocasión, abordaremos la última parte.