Visual histórica, latidos y angustias, septiembre 1963

A1

En su libro “Crisis de la democracia” de Bosch, escrito a finales de 1964, este plantea como una de las causas eficientes del Golpe de Estado a su Gobierno, la pretensión del jefe de la Fuerza Aérea, general Atila Luna, de que su Gobierno aprobara la compra de aviones Hawker Hunters en Inglaterra, y su negativa a hacerlo, ya que la compra de esos aviones implicaba un acto grave de corrupción por la comisión que cobraría el jefe de la Fuerza Aérea dominicana. El general Atila Luna fue uno de los militares golpistas que más insistió la noche del 24 de septiembre de 1963 en producir dicha asonada militar contra el Gobierno constitucional, pero hasta ese momento se había mantenido relativamente neutral ante los aprestos conspirativos. Hasta aquí la afirmación de Bosch tiene cierto sentido lógico, al negarse a autorizar dicha compra para impedir el acto implícito de corrupción. Por supuesto, Luna tiene otra versión de lo sucedido, que comentaremos en otras reseñas.
En el Addendum publicado por Bernardo Vega se reproduce un telegrama de Estado dirigido a la Embajada estadounidense en Santo Domingo, con copia a los agregados militares estadounidenses en Londres, Inglaterra. En ese telegrama fechado septiembre 4 de 1963, el canciller Dean Rusk comunica que las agencias de Washington estaban preocupadas sobre la compra de aviones Hawker Hunters por parte de la Fuerza Aérea Dominicana. Según un informe del embajador Martin del 7 de septiembre de 1963, dirigido a Dean Rusk, el presidente Bosch estaba tratando de no decirle que no al general Luna, pero que sí lo hiciera el Congreso, y que tenía que ser autorizado por el Congreso. La posición radical de Atila Luna en la decisión tomada de deponer a Bosch la madrugada del 25 de septiembre hay que entenderla probablemente como desafección a Bosch, por su vacilación en la indecisión de aprobar la orden de compra de los aviones en Inglaterra, pero por igual, podría demostrar que la misión militar de Estados Unidos en el país y la propia embajada, recelaba del general Atila Luna, y que estaba desvinculada de los aprestos golpistas, donde Atila Luna desempeñó la noche del 24 y la madrugada del 25, un inesperado y activo liderazgo en el Golpe, al mismo nivel de Elías Wessin y Wessin y de otros. Luego del Golpe no se volvió a hablar de la compra de aviones a Inglaterra, y después que la política estadounidense hacia Santo Domingo varió en relación con el golpe de Estado, tras las muerte de Kennedy y consolidación del presidente Johnson, en un viraje extremo de apoyo al Triunvirato, el general Atila Luna fue echado de la Fuerza Aérea aprovechando una de las tantas crisis periódicas en los cuarteles antes de la Revolución de Abril de 1965, sin que jamás pudiese recuperar su antigua influencia ni reponer su carrera militar. Como dato curioso, el general Atila Luna se presentó los días 24 y 25 de abril de 1965 en los campamentos rebeldes que reclamaban la reposición de Bosch, poniéndose a las órdenes de los militares constitucionalistas.
Estos papeles revelan que el mediodía del 24 de septiembre Bosch había decidido tomar algunas medidas que paliaran la sucia campaña anticomunista que se había difundido contra su Gobierno en el sentido de que era débil con los comunistas y de que su Gobierno estaba infiltrado por los comunistas. Bosch recibió informaciones de las actividades conspirativas de Wessin para dar un golpe de Estado ese día. Bosch le dijo a Martin que había preparado un mensaje especial al Congreso pidiéndole que reformase la Constitución, imponiendo limitaciones en viajes y que fuese un crimen conspirar para auspiciar el derrocamiento del Gobierno.
El embajador John Bartlow Martin le dijo que era el momento para golpear a la izquierda y a la derecha, promoviendo una ley que paralizara los viajes a Cuba comunista. Bosch dijo que no podía hacerlo bajo presión militar. Es ese el momento en que Bosch le habla a Martin del portaaviones estadounidense, que Bosch ve como una demostración de poder y apoyo a su Gobierno de parte de Estados Unidos. Incluso Bosch, convencido de que se le daría un golpe de Estado entre el 24 y 25 de septiembre, le dice a Martin que si sobrevive, el día le bastará para que las propuestas estén listas y ser enviadas al Congreso, asumiendo las primeras medidas de restricción al comunismo con el asunto de los viajes a Cuba, pero sin consultar ni negociar con los militares. En un informe fechado 22 de septiembre de 1963 de la Embajada estadounidense en Santo Domingo al Departamento de Estado, el embajador Martin, luego de un conjunto de consideraciones críticas sobre Bosch, concluye diciendo lo siguiente: “a pesar de todo, continúo creyendo en este momento que nuestros intereses están con apoyar al Gobierno de Bosch. No es comunista, está ligado al oeste y es amigable hacia Estados Unidos, está comprometido con los principios de la Alianza para el Progreso, aunque Bosch sopla caliente y frío en público sobre la Alianza, es un Gobierno libremente elegido y un Gobierno constitucional, respeta las libertades individuales, los derechos humanos y la libertad de expresión. Más aún, las alternativas son inaceptables”.
Esta declaración 48 horas antes del golpe de Estado revela el apoyo condicionado pero claro y evidente de Kennedy a Bosch, lo cual desmentiría la llamada participación estadounidense como ente decisivo en el golpe. Sobre esto, en otro informe de fecha 27 de septiembre, dirigido al Departamento de Estado, dos días después del golpe, Martin dice que “urge la consideración extremadamente importante para nosotros de tratar de restaurar un Gobierno constitucional en República Dominicana. El derrocamiento de un Gobierno constitucional en República Dominicana pone en peligro a Betancourt en Venezuela, pone en peligro a otros gobiernos democráticos no comunistas en Latinoamérica, le da un golpe fuerte a toda la Alianza para el Progreso…” En ese mismo informe, Martin pide al Departamento de Estado, que le permita irse inmediatamente de República Dominicana con el resto de la misión diplomática, porque “esa sería la respuesta norteamericana a la solicitud del triunviro Manuel Tavárez Espaillat, de que Estados Unidos apoye al Gobierno del Triunvirato”.
Los incidentes en la frontera, en especial en Dajabón entre el 22 y 23 de septiembre, los tiroteos y bombardeos a la parte dominicana por efectivos duvalieristas, había reactivado en gran medida los sucesos de abril de 1963, cuando nuestra misión diplomática fue violentada por esbirros duvalieristas y se produjo una reacción nacional de apoyo a Bosch para enfrentar los desmanes haitianos. En esta ocasión, Bosch estaba sorprendido de las operaciones militares de exilados haitianos dirigidos por el general León Cantave, con evidente auxilio y apoyo de tropas militares dominicanas. Bosch ha señalado posteriormente a la publicación de su obra “Crisis de la Democracia” que había sido derrocado porque dispuso horas antes del Golpe que el Canciller dominicano sometiera ante la OEA una demanda de investigación sobre los sucesos fronterizos con Haití, recalcando Bosch que si la OEA hubiese investigado los incidentes, aceptando su pedido a través del Canciller el 24 de septiembre de 1963, habría salido a flote la responsabilidad de Estados Unidos, que estaba interesado en derrocar a Duvalier y usaba el territorio dominicano como base de apoyo de sus movimientos militares sin el consentimiento del presidente dominicano, lo que no podía permitir el Gobierno de Estados Unidos, por lo que ordenaría su derrocamiento. Este argumento que aparece en la fase de radicalización ideológica de Bosch ante el atropello estadounidense de la invasión de 1965, no puede sostenerse al analizar lo que era la OEA en 1963 y en 1965, un organismo hemisférico al servicio absoluto de la voluntad estadounidense.


COMENTARIOS