Y AHORA ¿QUIÉN PODRÁ DEFENDERNOS?

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POR MU-KIEN ADRIANA SANG
Dedicado a mi padre
Miguel Sang, un migrante chino que no solo se nacionalizó dominicano, sino que amó esta tierra como su verdadera patria.

A mis 8 hermanos, dominicanos porque amamos esta patria. Y ¿por Jus sanguini?

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De estos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto. Lucio A. Séneca

Nací española
Al atardecer fui
francesa

Por la noche africana
¿Qué será de mí?
Anónimo

Contaba en el pasado Encuentro sobre un incidente que le ocurrió a mi hermana Mu Yien cuando fue a renovar su pasaporte. Poseedora de dos apellidos de origen chino, Sang Ben, fue objeto un amplio interrogatorio de parte de la recepcionista, mandándola incluso a la oficina de naturalización. Tuvo la suerte de que una persona de la oficina la conocía y defendió sin más su nacionalidad.

Tal vez algún lector pueda pensar que me siento en peligro, vejada o cuestionada. Es posible que así sea. Después de haber vivido toda la vida aquí, de haber nacido en esta tierra, cincuenta años después, una medida política absurda genere este tipo de conflictos. Por demás, si hacemos una proporción matemática de la sangre nuestra se verá que el 75% es china y el 25% dominicana, gracias a nuestra hermosa abuela mulata. Quizás ella nos salve y se nos pueda aplicar el jus sanguini. ¡Gracias Guela Andrea!

Lo bueno del caso es que aplicar la medida significaría poner en cuestionamiento “la dominicanidad de algunos grandes hombres”. Por ejemplo, Jacobo Majluta Azar era hijo de padres libaneses que migraron al Caribe en busca de mejor vida. Juan Bosch Gaviño era hijo de españoles. Joaquín Balaguer era hijo de puertorriqueña, y dicen algunos que incluso descendiente de haitianos. El insigne escritor Federico García Godoy era cubano, pero lo asimilamos y nos enorgullecemos que es nuestro. La familia Castillo Semán es de origen libanés. Norberto James, poeta dominicano, es de origen cocolo. ¿Y de dónde es el apellido del queridísimo Milton Ray Guevara? ¿De dónde es el apellido Selman? ¿Bonnetti? Armenteros es un apellido español, Vicini es italiano, y si seguimos descifrando nos preguntaremos de nuevo ¿cuál es el apellido dominicano? Más aún, ¿existe algún apellido dominicano?

Todo este debate del Jus solis y el jus sanguini no es más que una verdadera hipocresía. El problema de fondo es con Haití y la migración haitiana. Hipocresía general. Por un lado tenemos un discurso nacionalista radicalmente preocupante, pero por el otro, mismo sector se beneficia de la migración haitiana ilegal, a través de la sobreexplotación de la mano de obra.

Hipocresía generalizada. Por un lado el Estado desarrolla campaña de repatriaciones “masivas”, atropellando la dignidad de esos hombres y mujeres, pero por otra parte no enfrenta valientemente las mafias existentes en migración y en el ejército que son los que más se benefician con las entradas de ilegales.

Hipocresía general. Muchas voces se levantan para criticar a los curas que por labor humanitaria desarrollan pastorales para ayudar a ese sector el más pobre entre los pobres, pero son los primeros que emplean mano de obra haitiana en las construcciones, las plantaciones agrícolas o en el sector servicios a bajos salarios para obtener altos márgenes de ganancia.

Hipocresía general de los organismos internacionales y los grandes países desarrollados. La ONU, la instancia internacional que debía tomar acciones contundentes en Haití, se ha sumado al coro de voces que habla y hace poco. Las agencias internacionales, bilaterales y multilaterales, se vanaglorian de que desarrollan políticas y programas de desarrollo, pero en verdad no han diseñado un plan macro ni una estrategia global para ayudar a Haití.

Hipocresía general. Los gobiernos representados en el llamado grupo de los 8, se han definido como los paladines de la democracia política en el mundo, después de decir públicamente que se comprometían con la construcción de la democracia en Haití, quieren salir cuanto antes, a sabiendas que el problema en vez de haber sido solucionado, está peor. ¡Cuánta hipocresía!

Creo que ha llegado el momento de definir la situación de una vez por todas. El Estado Dominicano debe exigir una solución internacional al tema de Haití. Exigir a los organismos internacionales asumir el compromiso de verdaderas políticas para enfrentar la miseria de ese país hermano. Exigir a los países desarrollados verdaderos programas de ayuda. El Estado Dominicano debe combatir directamente las mafias que se nutren de la migración ilegal. Debe también definir una política migratoria, expresada en una verdadera Ley de Migración. El Estado Dominicano debe propiciar un verdadero diálogo con Haití: con el sector industrial, comercial, académico para desarrollar programas conjuntos. En fin, sentarse sobre la mesa de la negociación con el Estado Haitiano para definir soluciones conjuntas a los problemas comunes.

Dejen ya de ladrar, aullar y gritar con el tema del jus solis y jus sanguini. Eso no resuelve nada, sino que genera más problemas.

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