Y los partidos no toman partido

En nuestro país, generalmente los debates son efímeros, efímeros como nuestros recuerdos y relaciones de todo tipo. Sin embargo, el debate provocado por la aberrante sentencia 168-13 del TC no ha sido así, ha mantenido una sólida vigencia e intensidad en la que se han involucrado diversas personalidades, medios de comunicación e instituciones nacionales y extranjeras. Pero de ese debate han estado ausentes los principales partidos e importantes figuras políticas.

Mueve a preocupación que esos partidos se mantengan al margen de un debate nacional que cruza nuestras fronteras, ocupando la atención de los más prestigiosos medios de comunicación de nuestro continente y del europeo, que del mismo participen connotados juristas e intelectuales nacionales y extranjeros, congresistas de nuestros dos más importantes socios comerciales y que sea punto de agenda de organismos internacionales de los cuales formamos parte.

Esa anómala circunstancia constituye otra manifestación de las consecuencias de la vergonzosa compra de la franquicia del partido más votado en las últimas elecciones de parte del partido oficial y una manifestación del gansterismo político, la perversidad y enfermedad de un sistema político y de partidos que corroe los cimientos de la sociedad dominicana en todas sus instancias.

Por otro lado, el silencio que mantiene el partido oficial en el referido debate, evidencia que a la aplastante mayoría de ese partido no tiene otro interés que no sea la de colocarse en un alto puesto en la estructura partidaria para de ese modo ocupar un alto puesto en las estructuras del gobierno. El silencio de quienes son de ese partido y de ese Gobierno, salvo honrosas excepciones, constituye un indicador del miedo que tienen al libre ejercicio de la libertad de expresión en las instancias partidarias y gubernamentales.

La renuncia al ejercicio de la libertad de opinión por mero conformismo o conveniencia política constituye una expresión de corrupción política que poco a poco está deviniendo endémica para la vida política, social y económica dominicana. Eso causa preocupación fuera de este país y ha sido valientemente denunciada por medios de comunicación, observatorios, círculos económicos y centros académicos y de investigación internacionales, la cual no puede ser refutada con el simplismo de que es una “campaña contra el país”.

En ese sentido, la postración y proceso de extremo debilitamiento del PRD, controlado ilegalmente por voluntad de los jefes de las dos principales facciones del partido oficial, se constituye en factor que contribuye al deterioro de la imagen de este país en el exterior. Eso obliga al sector mayoritario que se bate por el rescate de ese partido, a buscar una salida que lo conduzca a vincularse con la diversas expresiones de oposición al Gobierno, entre las cuales la condena a la resolución 168-13 del TC es de primera importancia nacional e internacional.

Ese sector debería reflexionar sobre el giro del PSOE, que se ha propuesto una sólida vinculación con los movimientos sociales, con las reivindicaciones sociales que se reclaman en las calles, asumiendo como consigna “hay que estar ahí (en las calles), hay que estar con ellos”. Eso significa salir del silencio, volver a sus orígenes, que es el origen de la política: las calles.


COMENTARIOS