“Ahora no es”

POR FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Los políticos, cuando están en la oposición, y no están disfrutando de las brisas atractivas y cautivadoras del poder, son empecinados opositores en contra de quienes lo detentan, para evitar que tengan aspiraciones continuistas, y que se olviden de soñar con alguna repostulación, que al final de cuentas es el electorado que decidirá si tal cosa les conviene o no a la sociedad como un todo.

La rebatiña por el poder se complica, cuando del mismo palo surge una espina que decide formar su tinglado electoral para oponerse a quien detenta el poder y no le da la oportunidad, que si está realizando un buen gobierno, a optar por un consiguiente período constitucional, si así lo deciden quienes, en una democracia, quitan y ponen presidentes. Desde adentro de la misma maquinaria partidaria, se integra una guerrilla, peligrosa para la institucionalidad, ya que no hay peor cuña que la del mismo palo.

El poder, a través de los tiempos, atrae como la abeja al panal, a los hombres que se dedican a la política, en donde aquellos postulados que se establecían como la máxima aspiración de los humanos, para servir a los semejantes, siempre ha sido letra muerta, ya que predominan las maniobras rastreras y las acciones para aplastar al contrario, o buscar la forma de desplazar a quienes disfrutan del poder, con su cohorte de zánganos que se enriquecen a la sombra de dirigentes o líderes carismáticos, que son los que los han hecho cambiar de situación de vida, y exhiben sin tapujos sus riquezas, olvidándose de aquella sentencia de Lilís de que se comieran la gallina pero que ocultaran las plumas.

Nuestro Cardenal, recuperado de su delicada operación, ha vuelto a la palestra con más ánimo, y puntualizó juiciosamente que es al pueblo a quien le corresponde decidir si apoya a un presidente para que continúe y se reelija, sin coartarle ese derecho, resaltando a quien gobierna bien, pues en caso contrario, como ya ocurrió en 1978 y en el 2004, sabrá darle las espaldas a quien busca de nuevo el voto mayoritario, ya sea un dirigente, o un partido, como ocurrió en 1986 y en el 2000. O sea, la verdad de las voces estridentes en contra de la reelección, es por la desesperación de muchos de ver que el poder se les aleja, y su tiempo se les acaba y no podrán encaramarse par enriquecerse.

La situación, al llegar el 2004, era preocupante y altamente peligrosa por el derrotero que había tomado la economía debido a la quiebra de los bancos y el despilfarro de recursos mal administrados con una corrupción rampante que disparó la inflación y la tasa de cambio. Era una temeridad acercarse a los supermercados, que se les bautizó como la casa del terror por la forma tan vertiginosa de cómo el costo de la vida había dislocado el nivel de vida de los dominicanos.

Para esa fecha del 2004 ya la ciudadanía había tomado una decisión, pese a los empeños del presidente de aquel período de reelegirse, el cual sería rechazado mayoritariamente como castigo por haber engañado al país en el 2000, cuando se vendió como lo más conveniente, frente a otros candidatos, sin carisma uno, y otro desgastado por la edad. Esa vez, no se sabía lo desastroso que iba a resultar el gobierno del PRD, y visto y sufrido en carne propia, cuatro años de angustias e incertidumbres, por lo que en el 2004 asumió el poder el candidato del PLD, aupado por una considerable cantidad de votos. De inmediato se enfrentó a frenar la caída de la economía y restablecer la confianza perdida. Gracias a un excelente equipo económico, se logró el milagro dominicano, de que en menos de 18 meses, la economía resurgió con más bríos, se redujo la tasa de cambio al nivel real, la inflación se redujo a niveles normales y aires de prosperidad se respiraban, pese a algunos descuidos. Entre esos figura el de no haber sostenido un plan de construcciones activo, pagando a tiempo a los contratistas. Se prefirió embarcarse en la construcción de una obra, que si bien necesaria e ideal, ha agotado casi todos los recursos disponibles para invertirlos en los elevados túneles del Metro, que ya todos esperamos que el primer tramo de Villa Mella esté en operación para finales de año.

La reelección ha sido satanizada, pero en honor a la verdad, quienes así se oponen, empujándola al zafacón de la ignominia, es por que se les aleja la oportunidad de asaltar el poder, para saquear los recursos, que ahora, en apreciable volumen, inundan las arcas fiscales debido a una vigorosa política de acoso a los contribuyentes, que acostumbrados por años a estar como chivos sin ley, se les están agotando el dinero que era para el despilfarro y vivir lujosamente y no contribuían al desarrollo. El electorado es quien decidirá si el presidente Fernández tiene el derecho de recibir un nuevo mandato. Y es la única garantía que su partido tiene de retener el poder, y no verse el país empujado a lo nefasto que resultaría un gobierno perredeísta, puesto que no se puede contar con los reformistas, que solo les queda vivir de sus recuerdos cuando el doctor Balaguer era su líder.