“Cálamo Currente”, una presentación

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No debiera ser yo el invitado a comentar la obra que nos convoca, pues si bien no soy ajeno al quehacer escritural tanto como a la lectura selectiva, realmente no soy un especialista en literatura o en materia bibliográfica como resultan los escritores Fernando Cabrera o José Rafael Lantigua, para citar sólo dos de los analistas más reconocidos.

No debí ser yo el emisor de esta presentación que asumo debido a una agradecida y recordada atención que me dispensó el autor, y sobre todo a la solidaridad con un colega del quehacer crítico que admiro y respeto para no evadir el regocijo del alumbramiento de un libro suyo:”Cálamo currente”, un torrente de voz inconfundible modulándose en copiosos temas, asumidos con caña escribiente, con pluma de palabra y con elocuentes textos que parecen acompañarse del sonido de una antigua flauta precisada con los despojos de la pasión y la sinceridad libérrima.

Cálamo es caña cortada y usada para escribir antiguamente; por igual pluma escribiente y una especie de instrumento tabular para música de viento. Currente es juntar o reunir fluencias parecidas y propias; parece relacionarse a la palabra concurrencia. Pues bien al autor de “Cálamo currente” le conocí hace varias décadas en un encuentro casual que aconteció en casa de la venerable dama Filomena Amelia Grullón, donde acudimos movidos por el interés de apreciar las obras del pintor Arturo Grullón. Fue el descendiente, Juan José Jimenes Sabater –como se identificaba entonces , quien nos recibió y habló ampliamente del referido artista, precursor, ofreciendo además lúcidos comentarios sobre cada cuadro. Tales referencia e informaciones las escribió luego en una de las ediciones de la Revista Ahora del 1970. el autor tuvo la gentileza de remitirme copia de ese texto que conservo en archivo y que fue inicio de una relación de encuentros y desencuentros en medio de distantes situaciones que no impidieron , de mi parte, un discreto seguimiento, también movido por qué no decirlo por la admiración hacia Juan Isidro Jimenes Grullón Y Arturo Jimenes Sabater, el primero un maestro del ensayo cuyas lecturas me permitieron entender la historia dominicana con argumentos críticos y sociológicos; el segundo, un gramático e inolvidable compañero de la animación cultural en una etapa floreciente de la UCAMAIMA. Con estas relaciones con el padre y con el hermano, era inevitable la tercera con quien luego sería reconocido como León David, autor abundante, incansable y polifacético, con varios cientos de textos publicados en casi todos los periódicos del país y más de una decena de títulos bibliográficos, entre ellos el que nos reunió como concelebración en Santiago de los Caballeros el 19 de febrero de 2004en la Librería Cuesta.

“CÁLAMO CURRENTE” es el décimo séptimo título que León David le entrega a la bibliografía nacional, siendo su contenido una selección de “ensayos sobre cultura, literatura y arte” como bien enuncia el subtítulo que podemos constatar en sus copiosas páginas –523 en total , cuya atmósfera general es una mezcla de alborozo literario con recurrencias reflexivas acentuadas con argumentos, provocaciones, posiciones polémicas, radiografías sociales y una suerte de inconfundible dogmatismo personal que se constituye en espina dorsal de un escritura diversa en asuntos y momentos de desahogos escriturales; espina dorsal que viene a ser el hilo conductor de un autor que en el introito confiesa reconociendo: “este libro –he de confesarlo aunque peque de inmodestia ha satisfecho mis expectativas. Siento que estoy en él. Me reconozco… si otras prendas lo exornan, dejo al lector la tarea siempre aventurada de descubrirlas.”. El descubrimiento del lector ofrece la antesala del extraordinario retrato suyo ejecutado por la conocida pintora María Aybar, la amada compañera a quien le dedica el libro.

Compelido por esta invitación confesa, que no peca de jactanciosa, sino contrariamente de sinceridad, asumí la lectura de un centenar de textos que temáticamente están organizados desde lo macro hasta lo micro, desde el cosmos, hacia su isla interior. En el primer caso, de lo macro, los ensayos que abordan el allá externo y que resultan una mirada hacia once voces: Borges, Neruda, Valery, Martí, Cesaire, Montaigne, Cervantes, García Márquez, Duilio Ferraro y Rubén Vela, ante los cuales León David ofrece lecciones de análisis literario en las que armonizan el carácter creador de esos autores con el acento creativo suyo. Tales autores no son tratados con la escueta mirada de un reseñador, sino con vehemencia, calor, exaltación y enamoramiento. Un ejemplo de ello es el ensayo “El torrente Neruda” en el que señala que este poeta “es dueño de un lenguaje opulento que prolifera y se erosiona como frondosa jungla. Acumula el poeta imágenes, contrapone vocablos, encadena epítetos, derrocha verbos y hasta al silencio pone a hablar con voz pródiga y gesto suntuoso”.

El segundo núcleo de la obra es un acercamiento a la palabra criolla, que el autor juzga trascendente a partir de unos nombres distintivos de la literatura nacional. Básicamente los prosistas acaparan su atención. En esta unidad sólo tres poetas (Higinio Báez Ureña, Franklin Mieses Burgos y Manuel del Cabral) aparecen con Federico García Godoy, Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Juan Isidro Jimenes Grullón, Pedro Henríquez Ureña, entre otros. De este último califica el talante de su crítica aprovechando su enfoque humanístico para ofrecer definiciones y clasificaciones del tema. Él coincide con el punto de vista del eximio maestro en que “la ocupación del crítico es cumplir un papel preponderantemente didáctico. Enseñar, orientar, auxiliar al lector a discernir es su insoslayable cometido”. León David cumple a cabalidad con estos indicadores ensayísticos con un buen manejo del lenguaje, con una claridad de pensamiento que vuela los posibles escollos del rebuscamiento, de las acotaciones, a más de un donaire de los juicios y una vertical conciencia de ensayista docente.

El escritor León David decide liberarse de nombres en la serie de textos que reúne con el epígrafe “Por los aledaños de la literatura”, asumiendo una serie de asuntos propios de la creación literaria. La poesía y su significado; el lenguaje del teatro y sobre todo la crítica cultura como naturaleza, función y oficio le permiten asumir un posición a favor de la subjetividad y de su carácter no científico de este campo enjuiciador, puesto que “el sentido del mensaje artístico es una combinación de lo que los contempladores proyectan en la obra y lo que dicha obra significa realmente” es uno de sus alegatos. Una posición radical suya se puede advertir en la siguiente afirmación: “en lo que atañe a este servidor, enfrascado en la insólita tarea de vincular el arte con la belleza y de sostener ¡colmo de los caprichos! que cuando esta no asoma, aquel deja de existir, sólo se me ocurre argumentar que si estoy errado, yerro en óptima compañía; y que si el arte y la poesía por ser bellos y no por otra razón contribuyen, como proclamaba Baudelaire, a ennoblecer las costumbres y a elevar al hombre por encima de los intereses vulgares (…) entonces no es motivo de sonrojo ni signo de extravío que haga del embeleso estético la clave que permite discernir cuando un objeto llena los requisitos que facultan al contemplador a ponderarlo como obra de arte”.

León David reconoce que no todo lo bello es obra de arte, pero argumenta que si esta cualidad nos arranca de los labios el calificativo de artístico, es porque es bello y no por otra cosa. Con ese dogma el cuestiona las aberraciones de la crítica en boga por estos parajes insulares y asume una crítica de los críticos cegados por la novedad, por el desafuero verbal y por una confusión valorativa de la contemporaneidad. En este punto quiero reconocer a León David como el crítico dominicano más coherente e inquebrantable en cuanto al dogma estético se refiere. Puede ser que resulte muy renacentista o apegado al canon clásico, pero es un crítico no desfasado, no mercenario, no trepador ni colonizado, porque está entronizado en una verdad autodefinida permanentemente.

El autor de “Cálamo currente” proclama que literatura es “una actividad liberadora, subversiva” y que es importante escribir bien, porque el hombre es su palabra. En la zona intitulada “El ojo en la mirilla” (como en todo el libro), ofrece prueba de esta convicción y sabiduría, reuniendo una serie de textos cortos y sencillos llenos de variada erudición temática y de agudeza cuestionadora. El tema de la ciencia, tecnología y el humanismo encabezan esta unidad conformada por 21 ensayos en donde se aborda también el discreto encanto de la insignificancia, el racismo del dominicano, los avatares de la democracia, el elitismo, el mal gusto, la identidad, la inversión de valores, la arrogancia intelectual, incluso asumida en sí misma como definición. El análisis radiográfico de la realidad dominicana en este inicio del siglo XXI está presente a veces de forma indirecta o lo contrario, con tono fuerte, denunciante y comprometido.

|La última parte de la currente escritura que León David antóloga como testimonio de su ejercicio de escritor se especifica como tópicos urgentes porque asumen la evaluación de hechos artísticos (montajes teatrales, exposiciones de arte, conciertos) y otros casos como respuestas a emisores controversiales que provocan atención como el de Silvio Torres Saillant. Esta serie permite apreciar el carácter contestatario y la pasión con que defiende su posición teórica en asuntos intelectuales. Para este dominicano nacido en Cuba, la definición de su patria genética, la dominicana, es un canto hondo y cuestionador de los pesares.