“Cuando se quiere se puede” es algo que se cumple en OCOA

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POR ELADIO PICHARDO
La expresión popular “cuando se quiere se puede” se aplica a lo  acontecido en los últimos 20 años en comunidades pobres de San José de Ocoa, en donde su gente, unida a grupos de estudiantes voluntarios de Canadá y Estados Unidos, han desplegado esfuerzos para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En los proyectos realizados o por realizar está la mano del padre Luis Quinn, director ejecutivo de la Asociación para el Desarrollo de San José de Ocoa (ADESJO), quien ha solicitado más apoyo de parte del Gobierno para Ocoa y otras localidades pobres del país.

En la actualidad, el grupo Jóvenes Solidarios, coordinado por Diana Longtin, y el Hope Internacional, dirigido por Bryan Tripp, de Ottawa, Canadá, están inmersos en proyectos que darán un empuje a comunidades depauperadas de Ocoa.

Jóvenes Solidarios trabaja en la construcción de un acueducto en Arroyo Blanco, a un costo de RD$987,000, de los cuales RD$453,600 lo aportará el grupo estudiantil y el resto la ADESJO y las comunidades. Beneficiará a 68 familias.

En más de 20 años, ese grupo ha movilizado 325 jóvenes y ejecutado proyectos por más de RD$6,400,000 para beneficiar a 700 familias en 20 comunidades con la participación directa de los grupos estudiantiles y el apoyo de las comunidades.

Entre las obras se destacan construcción de pequeños acueductos en Los Martínez, El Bejucal, Las Malaguetas, La Bocaina. También, escuelas en Las Auyamas y Los Negros, y un proyecto de viviendas en La Estrechura, así como proyectos de riego en El Limón.

En relación a Hope Internacional, actualmente apoya con financiamiento del proyecto Socios para el Progreso, el manejo de los recursos naturales en ocho poblaciones de la parte oeste de la cuenca del río Ocoa, por RD$1,235,159, entre ellas El Cercado, Arroyo Hondo, Los Tramos, La Ciénaga, Rancho del Pino y otras, para beneficiar a 360 familias.

Hope Internacional también a financiado programas de reducción del analfabetismo en 49 comunidades, y en las que se han beneficiado 1,305 personas, proyecto apoyado por el empresario Manuel Arsenio Ureña, la Secretaría de Educación y la Diócesis de San Juan de la Maguana.

“Yo pienso que eso es algo extraordinario, que grupos de personas voluntarios vengan de lejos para ayudarnos, para cooperar en las necesidades de nuestro pueblo”, destacó el padre Quinn.

Resaltó que es un sacrificio lo que hacen los jóvenes en esas jornadas, quienes buscan el dinero para costearse su viaje y canalizar fondos para ejecutar proyectos que necesitan esas comunidades.

Señaló que en Ocoa hay personas que no conocen los campos de allí, por lo que consideró que tanto los jóvenes como toda la sociedad tienen que darse cuenta de la ayuda que realizan esos grupos de jóvenes extranjeros a esas comunidades, acciones que afirmó deben ser imitadas por otras poblaciones.

Experiencia de Diana y Bryan

Diana Longtin es profesora. Tiene más de 20 años visitando la República Dominica y señaló que cuando visitó Ocoa por primera vez con un grupo de estudiantes universitarios le agradó el trabajo de la ADESJO.

“Me gustó porque descubrí que podía ayudar, y comprendí mejor la diferencia de la vida de aquí y la de Canadá, lo que me motivó a volver para ayudar a gente que tenía menor calidad de vida, porque a mi me parece que es una injusticia a nivel mundial que haya personas que mueren de hambre y que hay otras que tienen demasiado”, dijo.

Mientras, Bryan Tripp, ingeniero ambientalista, resaltó el apoyo que en su país le dan al medio ambiente. “Canadá es un país donde se protege el medio ambiente y llegar a estos países subdesarrollados nos motiva a trabajar por ellos”, por lo que consideró una gran satisfacción  participar en proyectos para países como República Dominicana, que buscan mejorar las condiciones de vida y preservar el medio ambiente y los recursos naturales.

Asimismo, explicó que el tema de la pobreza va estrechamente vinculado al de medio ambiente,  y que al ser esa su disciplina principal, esta experiencia le ha permitido comprender mejor las necesidades de nuestro país.

El objetivo de los grupos estudiantiles voluntarios es venir a compartir con los miembros de las comunidades, ver cómo vive la gente y llevar a estudiantes de Canadá esta realidad.

La ADESJO
Al ofrecer detalles sobre la trayectoria de la asociación, Carlos Mejía Duvergé, coordinador del proyecto Cuenca Río Nizao, refiere que surge en 1962, la cual ha desplegado una labor encomiable, ya que sus directivos han puesto énfasis en desarrollar obras de importancia para las comunidades más pobres de Ocoa.

Entres ellas, pequeños acueductos rurales, caminos vecinales, mejora a las viviendas cambiando piso de tierra por cemento.

Mientras que en el aspecto educativo resaltó que en la población de 25 años hacia abajo hay un por ciento apreciable que es bilingüe, lo que es fruto de la asociación. Explicó que la ADESJO, desde sus inicios, ha concebido el desarrollo integral, la armonía entre todos los aspectos referidos con el desarrollo de la comunidad, pero con la participación directa de sus pobladores.

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INVOCANDO LA ESPIRITUALIDAD INDIGENA

Aun negada por la modernidad, la espiritualidad existe. En una negación de hecho, material, inconsciente (pero consciente también), las energías aceptadas por las antiguas culturas durante miles de años –hasta ocho mil años estimada su antigüedad – en la rebautizada Hispaniola, no desaparecieron con los grupos humanos que les servían y a quienes éstas destinaban algunos beneficios a cambio de reconocimiento. Estas energías fueron desestimadas por la nueva cultura occidental instalada en el Caribe hace medio milenio.

Para los habitantes humanos primarios en el Caribe, la convivencia con la espiritualidad que se manifestaba con cierta cotidianidad en determinados lugares era lo más lógico dentro de su concepción energética del mundo. La presencia de esas fuerzas, y hasta la misma lucha entre ellas, no era puesta en dudas para grupos como los igneris y los tainos, quienes aprendieron a convivir con ellas, abriendo canales de comunicación a través del paso a estados alterados de conciencia. Es decir, entrando (subiendo o bajando) a niveles de entendimientos paralelos (no del todo visibles y medianamente tangibles) a la conciencia de lo material, ordinariamente visible y tangible.

Estos “estados alterados de conciencia” tampoco fueron entendidos por los conquistadores, quienes atribuían la conducta ausentista de los practicantes indígenas a la influencia de sustancias que, comparadas con el vino, tenían la propiedad de “emborrachar” a quienes las consumían. En cierta manera tenían razón los españoles, pues eran muy parecidas las reacciones, con una diferencia básica: el vino no abría (ni abre) canales de comunicación fuera de la conciencia material tangible que vivimos cotidianamente.

Los indígenas llegaron a identificar y diferenciar las distintas energías que se manifestaban en rincones de los bosques, asociadas a determinados árboles; en brotes y corrientes de agua específicos; en puntas de costa marina de contacto con el viento; en cavernas de conocida magia, fuerza y recogimiento, o en lugares de vital confluencia energética en montañas escogidas por las mismas energías.

Durante cinco siglos, y junto con la desaparición de bosques y ríos, el proceso de eliminación de lugares de habitual estadía (o reunión, o contacto) de esas fuerzas ha ido eliminando a su vez lo que se conoce como los “sitios de poder” de sus manifestaciones, dejando –por fuerza de su presencia física en planos de conciencia común – la huella de las pruebas de su existencia que fueron mostradas a los indígenas.

Junto con la desaparición de las culturas que tuvieron comunicación con esas energías, desaparecieron también las posibilidades de esa comunicación, puesto que la ausencia del soporte de conciencia rompió los hilos conductuales necesarios para esa comunicación.

En teoría –para evitar erróneas interpretaciones – esas energías, “desplazadas” de sus nichos naturales como consecuencia de su destrucción, buscaron refugio en otros nichos, como las cavernas, donde se presentaron conflictos que hicieron de esas cavernas lugares tenidos actualmente como cargados de energías negativas como resultado de la lucha energética por la posesión del sitio.

En otras cuevas –y sujetos al desarrollo de esa misma teoría – la fuerte presencia de energías tenidas como superiores impidieron esa lucha, manteniendo el equilibrio energético en el ambiente de las cuevas.

La ruptura de la comunicación deshizo cualquier posibilidad de contacto fuera (e incluso dentro) de un estado alterado de conciencia. El hieratismo en las manifestaciones rupestres –tanto en las cuevas como a cielo abierto- se hizo tosco y ambiguo, negando a los nuevos “admiradores” de las culturas indígenas cualquier tipo de identidad con sus propósitos iniciales. Estos nuevos “admiradores” debieron conformarse con la posición (o pose) científica que se asume desde el exterior del sujeto de estudio.

UN EFECTO DIFERENTE 

Para algunos casos –y como posible resultado de la insistencia – las manifestaciones rupestres han cedido en su tosquedad, abriéndose a un tipo de contemplación diferente, más cercana, más interna, más comunicativa; cediendo incluso a la percepción-emanación de “sentimientos” no mostrados en siglos. Esos “sentimientos” pudieran traducirse como una expresión de “complacencia” ante el reconocimiento que se les prodiga. Es decir –y de nuevo en teoría – puede tratarse de una reacción de aceptación a la especie de “trato venerante” que toma forma en su calificación como arte rupestre único, formas de arte no repetibles, herencia indígena invaluable, patrimonio de la humanidad y otros calificativos tan o más relevantes que éstos.

El relevamiento gráfico que de estas pinturas y grabados se realiza en fotografía, dibujos, calcos, filmación y otros recursos, revela esa demostración de respeto tanto por las culturas que las originaron, como por las energías que las motivaron, la espiritualidad que las sugirió, los “canales” que se utilizaron, las personas que las produjeron, las condiciones en que se han conservado y los esfuerzos por su protección. Es probable que los esfuerzos empleados para culminar con esa protección y reconocimiento hayan reactivado el sentimiento-respuesta de veneración antigua que les motiva a reaccionar.

Las fotos que actualmente se exponen en al Museo de las Casas Reales, por ejemplo, exhiben un ejemplo de esa reacción. Anteriormente, el registro fotográfico se presentaba un tanto osco, plano, seco, indiferente. Sin embargo, las muestras logradas para dicha exposición traen una carga de conectividad que flota invisible e intangible sobre las fotos expuestas.

Es una carga que comunica complacencia por su contemplación, tranquilidad por la vela de su existencia, y quién sabe, esperanza por el retorno a la comunicación y convivencia entre la espiritualidad de la isla y sus actuales ocupantes.