“Entre poetas te vieras”

POR  ELOY ALBERTO TEJERA
Un escándalo rodea al Festival de Poesía dentro de la Feria Internacional del Libro. Con toda razón, pues hay poetas por aquellos predios. Siempre he sospechado que el ego lo inventó un poeta. Un sabio amigo mío me dijo que lo vio patentizándolo.

En las acusaciones y contracusaciones de poetas quisqueyanos, el ego juega un papel estelar. No es extraño que me vengan a la memoria unas palabras de Augusto Monterroso: “Tristes congresos, tristes festivales, tristes adelantos de editoriales, tristes éxitos”. Bien sabía él qué se cocía en estos congresos, en estos aparatajes de las letras. En este tipo de eventos los poetas y escritores se reúnen para decir unas cuantas cosas ruidosamente sobre eso que producen en soledad y silencio. Vaya paradoja. Inclusive, ante un público escaso si se compara a una sapiencia y egos que son generalmente desmedidos.

El poeta José Mármol, quien dicho sea de paso, es un poeta de peso y de pasos largos, y además de un caballero, sabía que debía enfrentarse a esto cuando aceptó ser presidente del festival. Aunque siempre hay sorpresas. Una lluvia de críticas ha llegado a su seno. Renuncias que tal vez no empañan, sino que develan el alma de los poetas.

Dentro de las razones que aducen los renunciantes poetas, honestamente no me parecen sólidas, sino salidas de otro sitio. Espero que no sean del resentimiento. Para empezar hay que decirlo sin mediastintas: A Mármol es el poeta que más se le alaba públicamente. Y también al que más se le critica aviesamente en secreto. Lógicamente la insinceridad produce estas miasma, y como he dicho anteriormente la inexistencia de una crítica literaria seria.

No es de peso a mi juicio renunciar porque no se invitara a tal o cual poeta con el que se tienen contactos. “Yo puedo viajar, me considero una privilegiada…tengo amigos poetas en todas partes”, dijo Chiqui Vicioso. Palabras del ego.

Con similitud se pronunció Tomás Castro, hablando de que no se invitó a escritores que él propuso, escritores que en definitiva eran “su contacto”. También se criticó que la fotografía que apareció de José Mármol en todos los periódicos “es muy grande”. Bueno, los celos no son exclusivamente de los terrenos de las cursi novelas mexicanas. Amigos poetas y proletarios de la escritura, recuerden que los festivales son como las antologías: predomina el criterio individual a la hora de invitar o seleccionar al comensal de la escritura. Y de José Mármol era el turno de elegir.

 Estoy absolutamente seguro de que Mármol es más abierto que algunos de los que quieren hoy crucificarlo. Creo que estar colocado en un centro lo hace proclive a este tipo de críticas en serie. Espero que no sea por su éxito o porque está bien sentado en un banco del parque. Por demás, aquí el problema no se soluciona llevando la poesía por un día a las calles, a la cárcel, a los barrios. Eso es labor de décadas, de todos los días. Es injusto acusar a José Mármol de elitista. Aquí todos sabemos que la arrogancia se cuecen en otras testas y en otros corazones.

Que conste Mármol no es mi amigo personal, pero la caballerosidad es como el perfume, se destila, se reconoce. Pero me consta que todo lo que tiene se lo ha ganado con el sudor de su frente (lo económico) y con el sudor de sus sienes y desvelos cerebrales (sus poemas y premios).

El problema cultural del país no se resuelve trayendo estrellas literarias. E inclusive, ni haciendo ostentosas Ferias del Libro. Eso lo sabe muy bien el secretario de Cultura, quien escribió un magistral ensayo en la revista Xin Esquema, al respecto. Es sembrando el hábito de la lectura, es invirtiendo más en educación. Por lo demás, con respecto a las ferias y demás yerbas aromáticas, no debemos contentarnos como el niño pobre cuando es visitado por los niños ricos y nos presta sus juguetes efímeramente. Los escritores dominicanos deben saber que tenemos la responsabilidad de crear un país de personas que amen y respeten los libros.

Olvidémonos de los festivales y de posar orondos juntos a los escritores extranjeros de gran fama…La fiebre está en unas sábanas sucias. Lavémosla en nuestro patio Recuerden que la virtud no consiste en parecer sencillo. Sino en serlo, y que para ser humilde, como decía Giacomo Casanova, hay que arrodillar la mente, más si entre poetas te vieras.