“Intimidad de la memoria”
Una exposición para recordar

La exposición “Intimidad de la memoria” tiene una particular importancia para la Galería Nacional de Bellas Artes, pues por primera vez, desde la reapertura del Palacio de Bellas Artes, la institución presenta una muestra de arte contemporáneo concebida y realizada como tal, auspiciada por el Ministerio de Cultura, específicamente en el contexto de “Santo Domingo, Capital Americana de la Cultura 2010”. Doce artistas participan, oriundos de cuatro países –Estados Unidos, México, Puerto Rico y República Dominicana–, siendo dos de los expositores dominicanos –Dió-genes  Abreu y  Radhamés Mejía–  co-curadores y co-organizadores de la colectiva, desde Nueva York y París.

La museografía, en parte diseñada previamente según los planos de los espacios, es inobjetable. Un conjunto coherente y perfectamente articulado, alterna categorías tradicionales –pintura, escultura, dibujo–  y las despliega mayormente en las cuatro salas, la cuales comunican con las instalaciones, objetos, videos,  fotografías, colocados en el salón monumental, su piso de mármol y sus muros.

Las obras se apropian de las creencias populares, sostienen la afirmación –sino la resistencia– ideológica y se refieren a la memoria histórica. Cual sea su formulación artística, ninguna excluye las identidades seculares, como tampoco evade mitos y realidades de hoy.

“Intimidad de la memoria” y de las memorias.  Mencionamos la memoria histórica –de un pueblo y su pasado–,  pero también intervienen la memoria colectiva –en torno a la sociedad actual o a parte de ella– y la memoria individual y personal, pudiendo ser expresada más de una modalidad del recuerdo en una misma obra. Por cierto, el título elegido por los curadores  no deja de encerrar algo de misterio que se presta para un “desciframiento” participante. Así, nosotros interpretamos que cada creador hace penetrar al espectador en su intimidad y proyecta concretamente su yo o su ego, emocional, psicológico, intelectual, sin que le importe la mirada ajena.

¿“Intimidad de la memoria”? Notaremos que para las artistas podríamos invertir los términos del título, vuelto entonces “Memoria de la intimidad”, a través de imágenes del cuerpo –el tema preferido– en dos o tres dimensiones, o una suerte de migración interior e identificación con la naturaleza agredida.  La fragilidad de las criaturas, sus aventuras y desventuras se expresan en las obras metafórica y morfológicamente. Esta espléndida exposición, que deben visitar los estudiantes y artistas del futuro,  testimonia que hay un arte contemporáneo que conserva los cánones de la belleza, el equilibrio y el oficio, aun cuando aborda los medios mixtos, integra objetos y se manifiesta con los nuevos medias.

Una creatividad fecunda  suma la realidad, la fantasía y el compromiso –tema y forma–, e “Intimidad de la memoria” se recordará como un valioso ejemplo de libertad y de dinamismo, de conjunto y de pluralidad expresiva.

Los expositores. Compartiendo un entusiasmo general, cada expositor demuestra una personalidad distinta, claramente identificada, y el dominio técnico de su trabajo.  Dió-genes Abreu, sociólogo y politólogo de profesión, refleja su compromiso en dos impactantes instalaciones.  Diógenes Ballester, poderoso y nostálgico,  pintor y muralista, supo aunar la improvisación y la obra impecablemente realizada.  José Graziani, inmerso en la actualidad, concreta un “crash” aéreo, hasta con objetos de los pasajeros…   Saúl Kaminer sigue siendo el expresionista mágico, de extrema sutileza en el colorido y la iconografía tan peculiares, Anki King es una magnífica pintora, a la vez generosa y pulcra en sus desnudos dramáticos. El polivalente Radhamés Mejía propone una simbiosis de antropología y arqueología, definitivamente inmersas en el Caribe. Gina Noverdsten ha traído esculturas pequeñas fascinantes, de factura y montaje exquisitos. Pablo Ortiz Monasterio, en fotografías en blanco y negro perfectas, rinde homenaje al indígena latinoamericano y sus ritos. Patricia Ramírez, con el ave y el árbol, tratados con gran soltura, invita a reflexionar y a salvar la vida. En las telas de  Diana Schmertz, extraordinaria “anatomista”, las manos se unen, se amontonan, se solidarizan. Luis Stephenberg, instalador, pintor y videoartista, reinventa con fuerza las vivencias vernáculas y el mensaje de la tierra. Inés Tolentino brinda su dibujo de trazo, bordado admirable… y sutiles alusiones, junto a “caritas pintadas” enigmáticas y una instalación refinada.

En pocas palabras, este evento, cuya gestación y realización ha requerido casi dos años, esta colectiva muy especial, nacional  e intercontinental, –si tomamos en cuenta el origen y la residencia de varios expositores–, debería  seguir  y continuar sus próximas propuestas y respuestas… a presentarse en la Galería Nacional de Bellas Artes, enriqueciendo así su personalidad institucional.