“Mujer, mujer”

Hay un hermoso poema de cuatro estrofas titulado “Mujer, Mujer”. Cada estrofa consta de cuatro versos, dieciséis en total. Los versos están divididos en hemistiquios o medio verso; cada una de estas partes contiene seis sílabas, y cada línea alcanza doce sílabas.

Estrofa por estrofa se desarrolla un tema hasta concluir, bien enlazados, en la última de las unidades o cierre de la creación poética.

Esta creación contiene una de las más preciosas exaltaciones a la mujer amada que hemos escuchado en los últimos tiempos, logro que distingo de manera especial y que lo llevo siempre en mi memoria y en mi corazón. Es para mí uno de los más preciados ditirambos que haya merecido una dama en la presente etapa de duros desenvolvimientos, de precaria sensibilidad y de escaso reconocimiento a méritos y cualidades.

He aquí la primera estrofa de tan valiosa inspiración:

Cuando se desmaya tu pelo en la almohada y acaricio el tibio mundo de tu piel,  me parecen tus senos fuentes encontradas

 y como un viajero me pongo a beber.

Le sigue esta parte de tierno sentir, de dulce encantamiento, de afecto arrobador hacia los niños, con gran deleite y profundo amor cristiano espiritual:

Siempre llevo un niño tímido en el pecho, pero si me besas suele sonreír.

Nunca le hagas daño porque ha dicho Cristo que quien daña a un niño le hace un daño a él.

Y continúa con esa valoración religiosa y con espíritu de profunda fe: 

Cuando te sorprendo rezando en la casa, prendiendo una vela por cualquier rincón

me recuerdas niña la virgen María y aunque a veces dudo, siento cerca a Dios.

En la parte final, donde se concentra el conmovedor aliento de la sincera virtud y la afirmación de sueños perdurables para la mujer adorada:

Miente quien escribe el mejor poema sin haberte visto, sin saber de ti.

Es tan sólo cuento, vana fantasía, el poema existe a partir de ti.  

Los versos de seis sílabas se conocen como hexasílabos. Unidos, forman el verso dodecasílabo, que se presentan en esta versión.

Reprodujimos la estrofa final en uno de los artículos que cada domingo aparece en este diario. Alguien, con nombre de mujer, solicitó que transcribiera ese “portento” –así mismo lo calificó– íntegramente en una próxima oportunidad. Lo tenía reservado para el domingo 10 de los corrientes, por la proximidad con el viernes 8 anterior, dedicado al Día de la Mujer.

Es un poema musicalizado y cantado por su autor Leonardo Favio. La grabación es de la CBS, un LP, lado ADil-25305, lado B-25306, datos de la edición en Santo Domingo con el título: “Leonardo Favio – 1984”.

Productores argentinos afirman que la pieza se mantiene con el favor del público. La realización musical es excelente y el montaje y la interpretación del autor e intérprete es impactante.

Programamos publicar este artículo el domingo pasado, para que estuviera cerca del día que se conmemoraba. No se pudo. Pero tenemos todo el tiempo que hay, como afirman los sabios japoneses.