“Palos si bogas y…”

Aprendí a lidiar con la realidad social dominicana, desde hace ya muchos años. Y la realidad económica dejó de preocuparme desde que adquirió – parafraseando una muletilla jurídica – condición de cosa ‘irrevocablemente’ inevitable.

Cuando digo realidad social, me refiero a todo el ambiente degradante que rodea la cotidianidad  dominicana.

Trapisondas, corrupción, oportunismo, arribismo, simulación y, para expresarlo en el lenguaje popular, el bulterismo, son posturas bien remuneradas.

Nuestras mayores desgracias como país, de la etapa contemporánea, arrancaron a principios de los años 80.

Se sitúa coincidencialmente ahí, con el surgimiento de una “nueva clase” adinerada: los llamados ‘cadenuses’ que invadieron casi todos los estamentos de la sociedad.

Se intentó imponernos un estilo de vida diferente, pero como si actuáramos todos a una, amplios sectores rechazaron la inserción de dominicanos de malas conductas.

No obstante, la profusa demostración de riqueza dejó sedimentos.

Minúsculos grupos  viven atribuyéndole interés mercurial a cualquier juicio orientado a resaltar las bondades de tal o cual iniciativa empresarial.

O tratan de descalificar a los hacedores de opinión que se pronuncian contra una mala o equivocada acción del Estado.

Son francotiradores que viven en vigilia para denostar a quienes jamás embargarían honestidad y verticalidad  a pruebas.

“Palos si bogas y palos si no bogas”, sentencia el viejo dicho.

 Por suerte, aquí todos nos conocemos.