“PRD: Pugna sin fin”

MANUEL A. FERMÍN
Es ya axiomático que todo partido político constituido en vista del interés de su (s) líder (es) es vicioso en su origen. Ante todo, conviene que recordemos que la esperanza de mayor felicidad individual es el fin particular de la asociación política. En ese marco el doctor Jiménez Grullón, Bosch, Miolán, etc., primero, y después altísimas personalidades políticas fueron quienes broquelaron el PRD en el exilio, pero decapitada la dictadura ese partido envió la comisión democrática encabezada por don Angel Miolán como avanzada. Es decir, meció la cuna de la democracia y también corrió el primer riesgo; pero también despertó el apetito de poder entre sus líderes.

Por su lucha en el exilio, que fue mucha, la tiranía tuvo que dar pasos inseguros y atrevidos y caer en un calabozo de repudio internacional, pero de esa crisis se beneficiaron el doctor Balaguer, primero, y luego  Unión Cívica Nacional.

La pasión que es pésima consejera y la ley del atavismo hicieron nido en la institución y aunque ésta ha sido asiento de las mentes de más fogosa acometividad, también obsedidas por el ansia, por el afán de alcanzar el poder, han contribuido a hacer del Partido Revolucionario Dominicano el de mayor divisiones internas, devorado por la febril ambición de mando, cobijándose, entonces, el más dañino de los males: el faccionismo personalista.

Victorioso en 1962, no irían descaminados quienes predijeron la influencia que el faccionalismo iba a ejercer, y no solo el faccionalismo sino el pesimismo que se ha hecho tangible, evidente y que ha dejado el sedimento de tristeza en las masas perredeístas después de cada crisis, y para ser más específico, después de septiembre de 1963 que marcó al PRD por un largo tiempo a la oposición en medio del exilio y del sacrificio. Apenas dos años de esos acontecimientos vuelve a la escena el nombre histórico del perredeísmo para encender la tea revolucionaria de abril para esfumarse y perderse ese magno esfuerzo. Aparece entonces, en el escenario, esquivando todo rozamiento, bajo formas de exquisita mesura a las brusquedades de carácter de los líderes del PRD, el doctor Balaguer, que con su fácil intuición de la realidad y con la clara y perpicaz mirada, su lógica fría, sabia y tratable, su vivaz ingenio, sus viejos saberes y su razón de la realidad y de la coerción, le hizo dueño de la situación nacional.

En 1978, luego de su depuración sentimental y de pasar dificultades internas que lo dividen, y cuando piensan que van a liberarse de las espesas sombras del abajismo, resurge la lucha de tendencias y obliga al extinto presidente Guzmán a conformar un gobierno casi ajeno a su partido, hundiéndose el guzmanismo con la inmolación de su mentor, pero dejando un camino poblado de negros presagios, fuertemente atormentado, al próximo gobierno blanco que bajo la tutela de una dirigencia torpe, consumida en la futilísima tarea de la lucha interna, la corrupción generalizada, la intolerancia y la prepotencia contra la oposición, decretó el naufragio del tercer gobierno perredeísta, saliendo ganancioso el doctor Balaguer con su retorno por quinta vez a la presidencia de la República.

Luego bajo el liderazgo del doctor Peña Gómez se radicalizan las tendencias, solo se expresan los intereses de esos grupos, ya es notoria la pérdida de hombres y mujeres de conciencia limpia, con trayectoria de patria como aquellas altísimas personalidades políticas que fundaron este partido, haciéndose homérica la tarea de privilegiar la majestad de los principios por delante de todo interés personal. Y más, cuando la corrupción y el delito existentes en todos los niveles de la sociedad, y en el seno mismo del perredeísmo reivindicante, han sumido a tantos en la desesperanza.

Desde que esta organización llegó al poder los problemas del país han sido tan abrumadores que no es posible que un partido político por fuerte y bien dirigido que esté, que sus seguidores y simpatizantes aunque gocen de buena voluntad y el deseo, puedan resolverlos. Esta ha sido la gran equivocación del perredeísmo, y ha terminado complicándonos la vida a todos los dominicanos.