“Separé al político del abuelo para así seguir queriéndolo”

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Con un  paso agitado y  presuroso, que se contradecía con sus 54 años de edad, Aída llegó al Salón Ejecutivo del Hotel V Centenario, lugar donde en la calurosa tarde del jueves  nos revelaría qué se siente vivir a la sombra de su abuelo Rafael Leonidas Trujillo.

Su cuerpo estaba cubierto con un conjunto blanco de algodón en un estilo muy étnico, mas desde que iniciamos la conversación nos dimos cuenta de que su alma estaba al descubierto, dispuesta a confesarnos, con su acento español,  sus alegrías, sus temores, sus tristezas.

     Y es que el rojo intenso de su cabellera y sus ojos claros enmarcaban a una mujer de intensas pasiones y  corazón transparente.

Trujillo, ¿un abuelo apoyador?  Como un consentidor, así recuerda Aída al Trujillo de su infancia.

   “Mi abuelo era tierno y amoroso,  jugaba mucho con nosotros, el grupo de nietos nos tirábamos todos con él en la cama, le desarreglábamos sus medallas”, recuerda Aída con evidente alegría.

 Y es que en su faceta de abuelo, explica Aída, Trujillo le dedicaba mucho tiempo y atenciones a sus nietos.

   De ahí que el cariño de su abuelo haya incidido en que Aída tuviese una infancia feliz, felicidad que sólo duró una etapa, ya que cuando se fue  al extranjero vivió momentos difíciles.

Dime que no es verdad.   Aída describe el momento en que conoció al Trujillo político como un momento difícil.

  “A mí me tenían muy escondido al Trujillo político, por eso no fue hasta mis 22 años cuando entré a una librería, compré cinco libros sobre él y  conocí la otra faceta de mi abuelo”, expresa.

 “Me sentí muy mal, lloré mucho y grité ante las fotografías: ¡abuelito, dime que no es verdad!”, expresa.

  Su primera reacción  fue la negación: “quise volver a mi rutina y olvidarlo”. La siguiente etapa fue la rebeldía: me volví izquierdista  y atea para  oponerme a todo lo que él representaba”.

 Mas después llegó a la siguiente etapa en la que decidió conocer a su abuelo, no para juzgarlo, sino para entenderlo.

Un bálsamo.  “A la sombra de mi abuelo”, título del libro que Aída está presentando, fue un escrito que no nació sabiendo que iba a convertirse en libro, sino que la autora lo comenzó como un simple diario pero de repente se convirtió en este libro con el que conoció más  a su abuelo.

“Cuando uno quiere a una persona y ese amor trasciende la idealización  uno las acepta”, expresa.

 Sin embargo, agrega, “es necesario saber la verdad para  tomar la decisión de si querer o no a esa persona, tal como es”, cosa que  sucede si es amor verdadero.

   “Yo soy una persona muy demócrata y no me gustan las dictaduras, aunque algunas personas señalan que el gobierno de mi abuelo aportó a la economía de aquel entonces, mas yo no justifico a mi abuelo, pero lo acepto” concluye la enérgica  mujer.

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Más sobre Aída

La Aída madre

Tiene  cuatro hijos: Carlos, de 38 años, es el mayor y se dedica a los negocios. Ya le dio a Aída su primera nieta: Aitana.  Le sigue Jaime, de 35 años, que es el artista de la casa. Luego está Haydée, de 30 años, a quien su madre describe como vivaracha y luchadora. Mientras que el bebé de la casa, aunque no le gusta que su madre lo diga públicamente, es   Nicolás, quien a sus 16 años ya decidió que quiere ser rapero, y sobre cuya  letra Aída  opina: “es muy buena, escribe contra el sistema”.

Aída la mujer

“Soy muy enamorona, mis  hijos son de tres padres diferentes”.  De sus  amores recuerda a  Gerardo Iglesias,  que era secretario general del partido Izquierda Unida, cuya relación despertaba mucho morbo, pues ella era ahijada del dictador español  Franco.

A la sombra de mi abuelo

Es un libro que narra la visión de Aída sobre su abuelo. En el ella juego con la fantasía la cual entremezcla con la historia.

“Este no es un ensayo de historia, es mi propia historia, y por lo tanto, la de una parte de mi familia. Es un relato novelado, tal y como yo lo siento y tal y como yo lo he vivido”.

Y es que en la obra hechos reales que le han costado años y lágrimas averiguar se compaginan con sus vivencias.  Esta labor le llevó diez años: “Me tomé tiempo porque investigué mucho y además quise conocer las versiones diferentes que tienen los historiadores”.