“Stent” y aneurisma de aorta: un tema de palpitante actualidad

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POR JOSÉ PIMENTEL MUÑOZ
La muerte reciente en Santo Domingo de un ex presidente de la República como consecuencia de la rotura de un aneurisma de aorta abdominal, ha colocado en primer plano a un viejo problema de salud –denominado el “asesino silente”- del que sólo se habla ocasionalmente en algunos segmentos de la población.

Un aneurisma de aorta abdominal es un abultamiento debilitado en la pared de la la arteria más grande del cuerpo y que causa una dilatación anormal o distensión en su diámetro o ancho.

La aorta transporta sangre oxigenada bombeada desde el corazón hacia el resto del cuerpo y en algunos hombres, generalmente mayores de 60 años, presenta la anomalía con más frecuencia en su tramo debajo de los riñones.

En República Dominicana no hay estadísticas de cuántos casos surgen cada año, pero en Estados Unidos se estima que más de 16 mil personas mueren anualmente como resultado de la dolencia.

El defecto o abultamiento en la pared de la aorta abdominal no da ningún síntoma y generalmente permanece oculto, pero puede romperse súbitamente con consecuencias fatales. Si antes de que ocurra el accidente se logra detectar el defecto –lo cual casi siempre ocurre en una sonografía de rutina– el problema puede ser corregido con cirugía abierta o con un procedimiento de colocación de “stent” en una sala de cateterismo (en algunos centros de República Dominicana se está colocando, a un alto costo, las prótesis endovasculares conocidas con “stent”).

Los “stent” se llevan hasta el lugar del problema con un catéter que se introduce por una arteria de la ingle. El éxito de esta solución se basa fundamentalmente en tres pilares: la correcta elección de la prótesis a utilizar, la experiencia en procedimientos endovasculares del equipo tratante y un seguimiento postoperatorio estricto.

Pero tras hacer la reparación con un “stent” siempre existe el riesgo de la re-presurización o aumento de la presión en el “saco” del aneurisma y de ruptura fatal. Por eso los pacientes tienen que realizarse una tomografía computarizada (CT scan) al primer mes del procedimiento, a los seis meses y después una al año por el resto de su vida. Esos exámenes son caros, toman mucho tiempo y recargan los riñones del paciente. No existe todavía ningún dispositivo que haya sido aprobado por la Agencia de Alimentos y Drogas (FDA) de los Estados Unidos para monitorear de manera no invasiva la presión en el interior de un aneurisma.

En torno a estos casos, el doctor Barry Katzen, director del Baptist Cardiac and Vascular Institute, de Miami, –uno de los centros con más experiencia en este tipo de problema– anunció que están muy avanzadas las pruebas de una microficha de tamaño milimétrico que se implanta dentro del stent cuando se coloca y que mide la presión dentro del aneurisma aórtico abdominal y transmite esa lectura, de manera inalámbrica, a un monitor en la consulta del médico, lo que permite un control y seguimiento frecuente más fácil y económico.

Katzen, cuyo instituto funciona en el Baptist Hospital, de Miami, confía en que las autoridades de salud de Estados Unidos aprueben pronto el uso masivo de la microficha. “Con un récord de rastreo de 10 años a nuestras espaldas, sabemos que los injertos de stents son duraderos y ofrecen protección a largo plazo contra la fatal ruptura de un aneurisma”, explicó el fundador y director médico del Instituto Cardiaco y Vascular Baptist (e-mail International@baptisthealth.net).

“Lo mejor de todo”, enfatizó Katzen, “es que la investigación de stents de injerto ha producido una creciente selección de aparatos”. “No hay dos aneurismas abdominales de la aorta iguales, y un mismo injerto de stent no sirve a todos los pacientes”, explicó. “Nuestra participación en tantos estudios exitosos asegura que vamos a poder ofrecer por lo menos un aparato a la mayoría de los pacientes”.