“Tres mujeres altas”, una sátira
al comportamiento femenino

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MARIANNE DE TOLENTINO
Después de “Papi” de Carlos Gorostiza, hemos tenido la suerte de disfrutar “Tres mujeres altas” de Edward Albee. La Sala Ravelo del Teatro Nacional ha presentado a continuación dos obras y realizaciones excelentes, con sus rasgos respectivos, que empiezan a devolver la confianza en la actualidad teatral dominicana y permiten esperar nuevos logros respecto a la selección de las piezas, la dirección, la ambientación y la gran calidad de la interpretación.

“Tres mujeres altas” de Edward Albee, el éxito más reciente del laureado dramaturgo norteamericano, aclamado por “¿Quien teme a Virginia Woolf?” ha sido llevado a la escena dominicana, con el apoyo del Centro Franklin de la Embajada de  Estados Unidos. El drama se inscribe en los lineamientos sicológicos y sociales de un autor comprometido con la crítica de la “american way of life”, habiendo empleado para esos fines la sátira del comportamiento femenino, sus vacilaciones y su ultranza. La homosexualidad aflora, la catarsis se hace patente, las situaciones personales y colectivas se mezclan.

La dimension trágica -dentro de un enfoque moderno- y la dualidad vida/muerte se transmiten dinámicamente. “Tres mujeres altas” es una pieza en dos partes que constantemente divierte, que provoca paradójicamente tensiones y reflexión a través de una comicidad, a veces desopilante. Tal vez el público, muy receptivo sobre todo en un primer acto,  que provoca una risa a menudo cruel, primordialmente se recree más que cuestione. Ahora bien, lo fundamental consiste en este flujo privilegiado entre la sala y la producción, gracias a los efectos conjugados del lenguaje, la puesta en escena y la actuación.

Evidentemente, María Castillo aparece en el primer plano de la “fiesta” teatral. Ella se ha multiplicado entre la dirección, el montaje, la concepción del vestuario,  la escenografía  y su juego de actriz. Pero se impone  no por esa pluralidad agotadora, sino por el talento – conocido y reconocido- que se da con entusiasmo al servicio de cada una de esos componentes y exigencias del buen teatro. No descuida nada, se entrega, la energía, el saber y la pasión la llevan al pináculo. 

Encontramos en su trabajo la sentencia de Stanislavski: “En la vida corriente, la verdad es la que existe realmente, la que uno conoce. Mientras en escena, está hecha de cosas que no existen realmente pero podrían suceder”. María Castillo encarna perfectamente esa metamorfosis. En el papel de “A”, anciana de 92 años de increíble vitalidad –trastocada por edad y achaques-, la vestimenta, el peinado, el tremendo maquillaje –con aquella mascara de latex- construyen ya externamente a un personaje global.

La composición exterior va hacia la interior: ambas son inseparables en una dinámica creadora –puesto que María es autora de todo…-. Asistimos a una concentración impresionante: física, sicológica y espiritual. A través del cuerpo, de la gestualidad, las mímicas, la voz (¡¡!!),  los matices del timbre, a través de esa pronunciación impecable y la proyección de las palabras, María Castillo  nos hace vivir la larga historia de su heroína. Y esas cualidades, histriónicas e identificadoras, no dejan de sobresalir en las dos actrices que la acompañan en el primer acto y luego comparten en el segundo acto la biografía del personaje: Robmariel Olea – “C”, como la enérgica abogada- y Karina Noble –“B”, la dedicada asistente–, luciendo un refinamiento y una precisión convincentes.

Las protagonistas

María Castillo

Actriz

Graduada  de atriz en la Escuela de Artes Dramático de Bellas Artes (1973-1976). Licenciada en Artes Teatrales  y Maestría en Dirección Teatral, graduada Summa Cum Laude (Guitis Moscú 1977-1983).

 Es directora de la Escuela Nacional de Teatro de Bellas Artes, cargo que también ocupó en 1998-2000. También es profesora de actuación y dirección. Ganadora de los Premios ACE ( Asociación de Cronistas  de Espectáculos de Nueva York) en la categoría de Actriz. 

Karina Noble

Actriz

Nace  en Santo Domingo  y a la edad de 14 años ingresa a la Escuela de Arte Escénico de Bellas Artes. En 1982 viaja a Estados Unidos donde realiza diferentes estudios de actuación. Nominada en múltiples ocasiones a los Premios Casandra. En 1982 recibió el premio de la crítica El Ángel como mejor actriz. Fue escogida como actriz valiosa en el 2000 por el Banco Central; en el 2001, la Fundación García Hatton le entrega una medalla al mérito.

Robmariel Olea

Actriz

Egresada  de la escuela de Arte Dramático de Bellas Artes. Ha recibido entrenamiento vocal y de baile. Ha sido parte de los siguientes musicales teatrales:  La Bella y la Bestia, L a Novicia Rebelde, El Flautista de Hamelin, Jesucristo Superstar y Regalo de Navidad. En el 2002 ganó  el premio Casandra a la mejor actriz por el monólogo El último   instante.  En la actualidad se desempeña como presentadora del programa el Show del Mediodía y Entrando por la Cocina.

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Secuencia de la obra

La primera parte de la obra es sublime; la segunda indudablemente buena, pero más difícil y menos intensa en su fuerza comunicativa. De una acción real y vivida, pasamos a una ficción. “A” ha sufrido un derrame cerebral y se encuentra en coma. En su consciencia dormida – el rostro de la muñeca en la almohada fascina la mirada-, “A” revive episodios y períodos de su vida anterior: “C” encarna venturas y desventuras de la juventud, “B” las frustraciones de la madurez. Hay una exactitud histórica en la moda y los atuendos, el mismo  realismo que caracteriza ambientación y escenografía. El protagonismo les pertenece mientras la vieja “A” más bien observa… y recuerda. Se trata de simbiosis y desdoblamiento: ambas mujeres y épocas, vistas a la vez a través de una memoria subjetiva y de una identificación con los personajes reales de “B” y “C”. Una exigencia tremenda de trasmutación, hecha con gran profesionalidad y aun emoción.

 Sin embargo, y es el único reparo que tenemos, no se siente siempre  con bastante claridad y hasta credibilidad. ¡Quien posee el programa… que se había agotado debido al número de espectadores, está privilegiado!  Si la obra se vuelve a presentar, ¿no habría que hacer algo acerca de esa “surrealidad” comatosa y volverla más verosímil? Un cuarto personaje, mudo, el problemático hijo, interpretado por Josué Guerrero, carece de interés, pero la misma pieza será la responsable de esa inconsistencia.

¡“Tres mujeres altas”, una obra memorable, una proeza de María Castillo!

Sobre Edward Albee

Dramaturgo estadounidense, cuyas obras más logradas se centran en las relaciones familiares. Nació en Washington y fue adoptado de niño por el ejecutivo del teatro norteamericano Reed A. Albee, de la cadena de teatros Keith-Albee. En 1994 recibió el Premio Pulitzer por Tres Mujeres Altas 1991.