“Yo soy un político pragmático”

Husmeando como ratón de biblioteca tras el olor del queso gruyere que atrae y atrapa,  extraje al azar el No. 269, del 29 de marzo del 1999,  de la Revista Rumbo, sorprendiéndome  una enorme foto  de portada del rostro  del dirigente político Danilo Medina, para  entonces candidato presidencial de PLD.  En las páginas centrales, me encontré con  una interesante entrevista de la acuciosa  periodista Margarita Cordero al Lic. Medina donde  éste se define como un “político pragmático” que se guía por “la lógica de los acontecimientos.”

Para quienes han seguido de cerca su carrera como dirigente del Partido Morado hasta su reciente ascenso al poder como  Presidente de la República, nada debería sorprender su auto definición,  aunque resulte algo extraño proviniendo de   un discípulo aventajado del  Profesor Bosch, un hostosiano, humanista, identificado con el idealismo subjetivo,  muy divorciado del pragmatismo.

Para entender esta aparente contradicción que  se da no tan solo en el hipotético caso de Danilo Medina, sino en el seno de su partido, habría que  recurrir al Diccionario Filosófico M. Rosental  y P. Iudin. Al referirse al Pragmatismo lo definen como “una corriente filosófica reaccionaria, variedad del idealismo subjetivo difundida sobre todo en los Estados  Unidos. Y nos dicen: “Lo que distingue esa variedad de idealismo subjetivo, es que reduce la verdad a lo que es prácticamente útil, ventajoso.”   Hermanada a esta teoría  está el Utilitarismo de J. Bentham, (Siglo XVIII) según la cual “el  interés particular es el fundamento de esta conducta humana.” Tal identificación de la utilidad y la verdad hace del pragmatismo un instrumento peligroso cuando la conveniencia práctica supera los límites  que los principios de la ética y la moral política imponen.

En un artículo reciente, “Releyendo a Baltasar Gracián,   (HOY, 8-8-2012)     me refería a algunas de las virtudes o aptitudes  del hombre prudente, aplicadas por  el autor  a esta categoría humana. Ser agradable, astuto, “eminentemente práctico”, como una forma de supervivencia. “La simulación y el ocultamiento pueden conducir al éxito, si se utilizan sabiamente: hay que saber mostrar algunas cosas, no todas.”  El pragmático es  un ser realista que  busca sacarle provecho a su situación personal  y a realidad circundante, que bien conoce. De ahí el discurso cautivador de Danilo. Su  afán amoroso de agradar, de procurar pactos sociales, su declarada preocupación por la educación, la pobreza,  y buscar apoyo en la ciudadanía  para poder superar los grandes retos que  le esperan y  librarse de las fuertes ataduras que le obligan. Choca la palabra al hacer  concesiones a su partido  dejando al desnudo su pragmatismo y su dependencia. No le será fácil liberarse de la  herencia que arrastra, como parte de la misma. Su  primer acto político de gobierno fue la designación en  su gabinete ministerial de  personajes que debieron poner su cargo a disposición. Pero  “no es posible extirpar las ambiciones de la gente”, señalaba en su  celebrada entrevista. Se hizo ostentosa, visible e inevitable la rotura del refajo marañón.  Queda en la gracia de Dios el compromiso de ser “implacable con la corrupción”. “De no negociar con la mediocridad, ni  con los deshonestos, ni con el desgano.” ¡Manos a la obra, Señor Presidente!